sábado , 20 julio 2024

Y en Adviento, también pensar y servir

camino, bosque
Por: Padre José María Arnaiz

 

Hace unos días comencé a hacer la lista de los verbos propios de adviento y podrían ser: preparar, disponerse, esperar, reconocer, sufrir, acoger, gestar, alegrarse, madurar, acompañar, sonreír, llorar, acariciar, rezar, cantar, sorprenderse, sorprender, regalar, adornar, meditar, anunciar… No sobra ninguno; y aunque son muchos alguno puede faltar.

Hice, también, la lista de actores o protagonistas de este tiempo: los que sufren la ausencia de Dios, los que añoran su rostro, los que ayudan a sonreír a quienes están tristes, los que preparan un mundo más habitable y amable, los que reconocen en el rostro del hermano al Dios que viene, el Dios Padre bueno que envía a Jesús; las Marías que dicen “sí” y firman una página en blanco para que el Espíritu escriba lo que quiera, los «Josés» que a veces pueden dudar si todo esto tiene sentido, los ángeles, esos mensajeros que nos encontramos cuando menos lo pensamos y nos proponen cambios, los “Juanes” que preparan los caminos a quienes les van a seguir, los “Reyes” que más allá que sus culturas, lenguajes y religiones son diferentes saben seguir fielmente la estrella que nos guía por caminos de paz, justicia y libertad; el Espíritu con su soplo incesante y repetido, las mamás que esperan dar a luz y lo hacen por amor a la vida, los actores “secundarios” y que parece que su papel no es importante pero que son imprescindibles…

Pero también, fruto de la lectura de un par de columnas de nuestros diarios de los últimos días motivado por los puntos suspensivos quiero añadir un verbo y un par de personajes más y que los necesitamos en el adviento que nos toca vivir en Chile: pensar y políticos y comunicadores. Me refiero a un pensar que nos deja con capacidad de distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo y con disposición para que en los momento críticos podamos prevenir lo peor y proponer lo mejor y lleguemos a ofrecer alternativa. Me refiero a los servidores públicos de nuestra  sociedad.

No lleva a buen fin a un país el desperdiciar las ideas y perder densidad cultural. Viene bien en la política, en la religión, en la educación, en la economía y la cultura, en toda la disposición reflexiva; el ponderar las consecuencias a corto y largo plazo. Es un buen modo de evitar la crispación y de llegar a consensos. No ayuda, tampoco, el que los protagonistas de la vida política olviden la palabra servir.

Cómo cuesta prestar atención a las ideas, a la reflexión y al pensar sereno, al servicio aprendido y asumido cuando se está disputando de poder, de dinero, de prestigio, de ganar y perder. Así es. Esa es la realidad que nos muestran algunos de los acontecimientos vividos en el  país en los últimos tiempos, los protagonistas de los mismos y los reporteros de lo vivido.

Hoy estamos en Chile, fruto de esta falta de pensamiento sano dado, de una visión país y de un talante de servicio ofreciendo el espectáculo de una situación tensa. Me gustaría resumirla de esta manera: una fuerza política parece negar la relevancia de graves problemas sociales; acepta que se ha hecho algo pero le cuesta asumir que hay que hacer mucho más y mucho mejor. La otra pretende instalar sus recetas ideológicas para remediar esos problemas aunque, a veces, el remedio resulte peor que la enfermedad.

Hay que detenerse a pensar para lograr una agenda reformista inteligente y de amplia aceptación y conseguir aproximarnos a un punto de consenso. Adviento es tiempo para ello; navidad también. Días para escuchar antes de hablar, para hablar después de pensar, para pensar en el país que somos y queremos ser y para servir antes de ser servido.

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