EL VIENTO SOPLA 2016EL VIENTO SOPLA DONDE QUIERE

Comentario Evangelio 11 de Septiembre

El Viento (2)

“Este hijo mío estaba perdido y lo hemos encontrado”

Hno. Héctor A. Campos M.
Capuchino.

Evangelio según San Lucas 15,1-32.

Este domingo, el evangelio que se nos propone meditar, muestra el corazón del año de la misericordia, que el Papa Francisco inició el 8 de diciembre del 2015 y que concluirá el 20 de noviembre de este año.

En la Bula Misericordiae Vultus (El Rostro de la Misericoridia), el Papa Francisco nos recordó que debemos ser misericordiosos los unos con los otros así como Dios lo es con nosotros. Y en este capítulo de Lucas 15,1-32, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado, el hombre y la mujer, el rechazo con la compasión  y la misericordia: la oveja perdida y la moneda extraviada, y la del Padre misericordioso o el Padre y lo dos hijos (Lc 15,1-33).

Me parece importante, dejar entrar el texto en nuestro corazón, en nuestras ideas que tenemos de Dios, ideas con las cuales iniciamos nuestra vida consagrada y que hoy ante este texto, nos ayudan para re-descubrir el nuevo rostro de Dios en su misericordia. Quizás la vida que hoy llevamos, las dificultades de nuestras obras, parroquias y críticas ante nuestra vida con poco brillo, con mucho cansancio, se convierta en un peso y dificultad para sentarnos unos momentos. Buscar la calma para orar, agradecer y darnos cuenta como ésta misericordia, ésta ternura de Dios ha estado presente en toda nuestra vida. Y por eso hoy, con gozo, con las fuerzas del espíritu nos dejamos abrazar por este Padre que nos busca no porque seamos buenos, no porque hemos trabajado mucho en su obra, sino porque simplemente, somos sus hijos y sus hijas. Quedémonos un momento escuchando el latido de nuestro corazón, el latido del corazón de Dios que le da fuerza y sentido a nuestra vida. Acojo de nuevo mi historia, tan diferente a la de Dios…y me invito de nuevo a buscar esa oveja perdida, esa moneda, que junto a tantas gracias recibidas en mi entrega, hoy necesito buscar para recuperar mi alegría total.

El texto nos muestra cómo la misericordia del padre es rebosante, incondicionada, y se manifiesta mucho antes que el hijo hable. El Papa Francisco dice: “Cierto, el hijo sabe que se ha equivocado y lo reconoce: «Padre, pequé… trátame como a uno de tus jornaleros» (v. 19). Pero estas palabras se disuelven ante el perdón del padre. El abrazo y el beso de su papá le hacen entender que ha sido siempre considerado hijo, no obstante todo. ¡Pero es hijo! Es importante esta enseñanza de Jesús: nuestra condición de hijos de Dios es fruto del amor del corazón del Padre; no depende de nuestros méritos o de nuestras acciones, y por ello nadie puede quitárnosla, nadie puede quitárnosla, ¡ni siquiera el diablo! Nadie puede quitarnos esta dignidad”.

Y cuando el Papa Francisco, nos invita a salir, ha ser una vida consagrada de “campaña”, nos damos cuenta que ya el Padre Dios, salió dos veces para buscar a su hijo pródigo y también al hijo mayor. Este hijo mayor, que nunca habla del otro como “hermano” o como su “padre”, pero que ha hecho siempre las cosas bien. Ese hermano mayor que nos lleva por la calle de la amargura cuando las cosas no resultan como las queremos nosotros. Ese hermano que no entra a celebrar…Pero ambos hijos, que están en nuestro corazón, sienten y tienen necesidad de la ternura y misericordia de Dios. ¿Cómo los acogemos? ¿Cómo los dejamos abrazar por el Padre? Porque todos tenemos necesidad de entrar en la casa del Padre y participar de su alegría, en la fiesta de la misericordia y de la fraternidad.

Abramos nuestro corazón a la misericordia del Padre, para ser también nosotros misericordiosos con nuestros hermanos y hermanas.

Comment here