sábado , 20 abril 2024
el viento

Comentario Evangelio 24 de Marzo

Un Dios vulnerable

Lourdes López, fmm

En nuestras retinas, están marcadas imágenes terribles del dolor humano: la invasión israelita en Gaza, los secuestros infantiles masivos en Nigeria, las familias desplazadas de la guerra en la República Democrática del Congo, las madres buscadoras de sus hijos desaparecidos en México, las familias que vivieron la destrucción por el fuego en Valparaíso… y todas estas imágenes, nos hablan del profundo dolor de la humanidad que no alcanza a abrir caminos de paz, a construir puentes de esperanza.

También nuestros corazones están marcados por las realidades concretas y pequeñas que acompañamos cada día: mi hermana de comunidad que está enferma, la vecina que sufre violencia doméstica, el cabrito que vive en situación de calle, el joven que ha empezado a drogarse, la persona privada de la libertad… realidades de nuestras poblaciones que nos duelen.

Y, es en medio de esta realidad, que la Liturgia nos invita a entrar en el Misterio de Dios, de este Dios Vulnerable que permite ser mirado en nuestra mirada a veces borrosa, que permite ser tocado por nuestras manos torpes y a veces tiernas.

Tal vez, este tiempo, nos regala la posibilidad de “entrar” en los espacios donde está Jesús, como la mujer en Betania, y ser capaces de romper el frasco que llevamos en nuestras manos para ungir al Maestro: ¿en qué espacios necesitamos entrar? ¿a quiénes necesitamos cuidar? ¿cuál es el perfume que tenemos en nuestras manos?

¿Cómo estamos siendo capaces de acompañar el dolor de a humanidad? Si, la oración es un acto concreto y, más allá de la oración, ¿cómo es que tomo mi vida entre las manos como Jesús para partirla y compartirla con quienes están cerca?, ¿cómo me hago alimento para la mujer que busca trabajo y no logra tener un poco de plata para alimentar a sus hijos?

Salomé Arricibita canta: ¡OH MI DIOS «DEBILITADO»! AMO TU FRAGILIDAD[1], Y alli, contemplamos tu Cruz, Jesús; la Cruz de quienes viven en exclusión, la Cruz que cuestiona nuestro conformismo, la Cruz que nos deja vulnerables para amar profunamente a este Dios Debilitado en su pueblo que grita, que se pone de pie, dispuesto a buscar caminos de vida y de paz. Probablemente, como Vida Religiosa Cuidadora de la Vida, vivimos un tiempo que nos impulsa a levantar los ojos a Dios, sin miedo, y “reclamar” su Presencia que no nos abandona jamás,  es sólo en esta Presencia que podemos acompañar a nuestros pueblos en sus dolores, con la esperanza puesta en la Resurrección


[1] Un Dios enamorado, Salomé Arricibita

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