Fieles ante la tentación

P. Gerardo Amado
Sacerdote Eudista de la Congregación de Jesús y  María

El Evangelio de este primer Domingo, de Cuaresma,  nos invita a reflexionar sobre nuestra fidelidad y sobre el cómo estamos enfrentando las tentaciones y las pruebas que se nos presentan en nuestras realidades personales y vocacionales.

Algunos elementos a  tener presente para nuestra reflexión.

  1. Jesús es bautizado y queda  lleno del Espíritu Santo
  2. Cuarenta días en el desierto donde experimenta la tentación
  3. La fidelidad en el desierto
  1. Jesús es el hijo de Dios y según Lucas en el bautismo quedó lleno de Espíritu Santo. El Espíritu le ayuda a prepararse idóneamente para vivir la misión que le ha encomendado el padre  y a permanecer fiel a su identidad como Hijo.
  1. Porque Jesús es hombre como nosotros, en el desierto de la vida, experimentó la tentación; la carta a la hebreos nos lo recuerda cuando dice: «de manera semejante a nosotros, ha sido probado en todo, excepto en el pecado» (Hb 4,15).

Jesús es tentado por el diablo en el desierto sobre su identidad y su misión;  por eso al leer el texto del Evangelio podemos encontrar que la primera y tercera tentación comienzan con la misma insinuación del tentador: «Si de veras eres Hijo de Dios…»  Jesús vence las tentaciones presentadas por el diablo  y con ello logra reafirmar su identidad  y recordar la presentación que el Padre ha hecho de Él. «Tú eres mi Hijo, el Amado, en ti me he complacido» (Lc 3, 22).

  1. La fidelidad en el desierto. La tentación y la prueba que vivió Jesús se dio en un contexto de debilidad humana: «No comió nada en estos días, y al final sintió hambre». (Lc 4, 2b).  Por más debilidad experimentada, Jesús se mantiene fiel,  nos da ejemplo de fidelidad en las dificultades, tentaciones y pruebas. Todo esto en contraposición al Pueblo de Israel que ante las dificultades y debilidades del desierto sucumbió y fue infiel, estas infidelidades las encontramos en libro del Éxodo:   cuando sintieron hambre, renegaron contra Dios y contra Moisés; cuando sintieron sed murmuraron y tentaron a Dios; cuando Moisés tardó en bajar del monte, el pueblo se cansó de Dios y se construyeron un  becerro de oro y lo adoraron  (EX, 16; 17;32).

Reflexionemos.  La Cuaresma es tiempo privilegiado de encuentro con Dios para vivir el cambio, la “metanoia” y prepararnos a la fiesta más importante de los cristianos,  como lo es la Pascua.

Todos los cristianos, y más aquellos que hemos optado seguir al Señor Jesús en la vida religiosa, consagrada y ministerial debemos mantenernos firmes,  fieles y sin apartarnos de Él, para confesarle con el corazón y con los labios y salir victoriosos con Él  ante la debilidad de la carne, ante la ambición y los deseos de aparecer, tener, figurar y de poder.

A la Iglesia, al mundo y a la sociedad le vendría muy bien si junto con Jesús tuviéramos claro que fuera del Padre no hay otros señores que merezcan adoración y servicio. Si Dios es el centro de nuestras vidas salvaguardaremos  nuestra libertad y dignidad.

Me pregunto:  ¿Cuáles son las tentaciones que están complicando mi vida de discípulo misionero?  ¿Qué estoy haciendo y qué necesito para superarlas y no caer en ellas?

Oración:   Espíritu Santo, me doy a ti. Toma posesión de mí, condúceme en todo y haz que viva como hijo de Dios, como miembro de Jesucristo, y como quien, por haber nacido de ti, te pertenece, y debe estar animado, poseído y conducido por ti. Amén. «San Juan Eudes»

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