Hna. Claudia Muñoz, aci
Esclavas del Sagrado Corazón
Superiora Provincial
Miembro Junta Directiva CONFERRE

Jesús está de pie a la orilla del lago, Jesús está en medio de la vida, de la contingencia. La gente lo rodea, lo urge, lo toca. Jesús está en medio del pueblo necesitado de Dios, ahí les habla, les consuela, comparte con ellos y  ahí se mantiene de pie.

En este espacio, habitado de humanidad, Jesús busca medios para permanecer en medio, entonces, mirando la realidad, toma decisiones, escoge una barca, la de Pedro y alejándose un poco, tomando distancia, sigue animando, predicando, continúa su misión.

Jesús, hoy,  sigue de pie a la orilla de nuestros “lagos”, Jesús Resucitado escoge lugar en medio de nuestras vidas, en medio de nuestras contingencias. Se hace presente y se mantiene de pie en nuestras “orillas”, ahí donde están los tumultos de hoy: en las casas y calles colmadas de migrantes hombres, mujeres y niños, que hablan lenguas distintas y ofrecen a “luca” miles de productos; Jesús se pone en la “orilla” del territorio mapuche, ahí donde se vive el “buen vivir”, el acuerdo y el desacuerdo, ahí donde se juega la vida y la muerte; se pone en la “orilla” de las agrupaciones de laicos y laicas, las oficiales y las no oficiales,  las que participan en el sínodo y las de las mujeres que siguen limpiando la capilla, poniendo flores y leyendo juntas la biblia; en la “orilla” de los grupos feministas y en la “orilla” de las marchas por la diversidad…

Jesús se pone en la “orilla” de nuestros lagos de Genesaret, esto es evidente y los signos de su presencia son elocuentes, el asunto está en si los cristianos de hoy “le prestamos la barca”, si los “Pedros” hoy permitimos que él suba a nuestras pobres estructuras que medio flotan, que medio se hunden, para ser sencillo medio desde el cual Jesús sane, consuele, redima…

Habiendo dos barcas en la orilla, Jesús escoge la nuestra ¡tremenda muestra de confianza!

Señor, ¿sigues escogiendo la barca de Pedro?, porque la “barca de Pedro” en Chile anda haciendo agua hace mucho rato. ¿Te subes a esta pobre y dolida barca?

No sea que insistimos en bajar a Jesús de nuestra barca, porque él insiste en escogernos y su elección claramente no tiene que ver con que ésta sea  la más buena o la más santa. No sé por qué misteriosos motivos escoge ésta, pero la escoge… y en esto pongo toda mi confianza.

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