Hna. Teresa Figueroa Martínez
Carmelita Misionera

Evangelio según San Lucas 6, 12-13.17.20-26

El evangelio de este domingo nos trae el relato de las Bienaventuranzas. La situación es la siguiente: Se reúne gente de Judea, Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón y sus discípulos. Jesús fija los ojos en sus discípulos y dice: Felices ustedes los pobres porque… El texto que presenta el evangelista Lucas nos coloca frente a una bendición y una maldición a través del relato de este relato de las Bienaventuranzas.

La bendición es para los pobres, los que pasan hambre, los que lloran, los excluidos, los perseguidos, porque el Reino de Dios les pertenece. Desde esta perspectiva, las bienaventuranzas nos abren un horizonte nuevo con relación a la vida y a la conducta humana. Son las que mejor expresan la radicalidad del evangelio. Nos invitan a salir del consumo egoísta y a entrar en la dinámica del compartir. Nos invitan a entrar en el corazón del evangelio a ser propuesta de humanización.  A movernos en la dinámica del Amor, un Amor que nos lleva a la acción. Nos invita a poner la confianza en el Señor. Esta presencia de Reino se comienza a dar aquí y ahora. Es ahora donde debemos jugarnos por la justicia, la defensa de la vida en todas sus formas, la fraternidad que crea comunión.

Todos los días nos vemos enfrentadas (os) a la injusticia, al hambre de muchas familias, a la exclusión, a la desesperanza. ¿Somos presencia de Reino en el día a día, en cada actividad?

Termina con las bendiciones diciendo: “Alégrense y llénense de gozo… porque la recompensa de ustedes será grande.”

Es la promesa de la felicidad, de la plenitud. Jesús está proponiendo una felicidad para el ahora. Aquí y ahora  toda persona puede encontrar la paz y la armonía interior que es el paso a una verdadera felicidad, no basada en el tener, sino en la búsqueda de un equilibrio que elimine las diferencias entre todos los seres humanos. Donde se viva el respeto a la dignidad, el valor de la vida, el respeto a la diferencias, sin exclusiones, donde la fraternidad, la comunión, sea el pan de cada día.

Jesús termina el relato con una maldición a través de sus Ays y dice: Ay de ustedes los ricos, los satisfechos, los que ríen, los que son elogiados, porque sabrán lo que es la pobreza, el hambre, el dolor, la indiferencia de los demás…

Será este ¡Ay! ¿Para nosotras la Vida Consagrada?… ¡Ay! porque has perdido la Profecía…

¡Ay!  Porque te has vuelto hacia ti misma… ¡Ay!…porque quieres recuperar privilegios… ¡Ay! porque te lamentas de tu esterilidad… ¡Ay! porque estás más preocupada de tu sobrevivencia gastando energías, que de hacer presente el Reino. Ay…Ay…Ay…

Cierra los ojos represéntate la imagen de Jesús en el monte y tú presente junto a toda esa muchedumbre y los discípulos, Jesús fija los ojos en ti y te dice… escúchalo atentamente… y  después… coloca en ejercicio el Amor…

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