Para misericordiar

Hna. Lourdes López. FMM
Franciscanas Misioneras de María

La vida de Jesús, tal como la presentan los evangelistas, está bordada de encuentros con diferentes colores y tamices, que van creando y recreando las vidas de quienes se tropiezan con Él. Encuentros cotidianos, a veces buscados otras, sorpresivos; cuya característica común es que tocan profundamente el corazón.

La escena que hoy se nos ofrece, nos pone delante de una realidad no tan lejana a nuestras vidas. Te propongo y nos propongo, hacer un alto en el ajetreo de las actividades, releer con calma el Evangelio, permitiendo que toque el corazón y se convierta en Encuentro.

Hay una mujer puesta en el centro, para ser acusada por haber roto la ley; ¿a quién/a quiénes ponemos en el centro de nuestras vidas?, ¿para qué? para acusarles sin posibilidad de defensa, para curarles[1], para acompañarles. Creo que la pregunta de fondo que podemos hacernos es: ¿Qué está en el origen de nuestro actuar, relaciones, discernimiento, pastoral, etc.?

En nuestro seguimiento de Jesús nos encontramos cotidianamente con quienes han sido señalados y desclasados; intentamos, ponerles en el centro de nuestros proyectos pastorales; siempre es necesario tomar un tiempo para reflexionar sobre nuestra relación con ellos y ellas, ¿qué nos mueve internamente al encuentro con nuestros hermanos y hermanas?, ¿cómo estas relaciones nos y les hacen más humanos, más hermanos y hermanas?

“Healing touch”
Imagen de Mary Southard csj. “Healing touch”

Tal parece, que en el encuentro de Jesús con la mujer hay un proceso desde la fragilidad de una mujer que ha sido condenada a muerte (solamente ella y no el varón), pasando por el cuestionamiento profético hacia quienes ejercen un poder moral en la sociedad, hasta el encuentro profundo de quien antes que ver el pecado, ve a la mujer… con su historia, su sufrimiento y sus gozos, dejando de lado el motivo de la condena y centrándose en la persona; en última instancia, la hace volverse a mirar a sí misma como mujer. Seguramente, en la mirada de Jesús se concentra todo lo que ella le ha confiado y, su vulnerabilidad más profunda, se convierte en la fuente de su dignidad; esta dignidad que estamos tercamente invitados e invitadas a cuidar, custodiar y acariciar[2]

Es impresionante cómo Jesús hace de este momento de acusación contra la mujer y de trampa hacia él, un Encuentro que toca, que transforma, no solamente a la mujer; y ¿qué hace Jesús que le permite transformar una lapidación en un momento de profunda misericordia? Nada…

En realidad, Jesús escucha, retorna a los agresores un cuestionamiento y… escucha. No son las leyes el motor de Jesús, sino el Principio-Misericordia del que habla Jon Sobrino[3], que es el principio fundamental de la actuación de Dios y de Jesús, y debe serlo de la Iglesia.

La misericordia nos permite pasar de sentirnos misericordiados a desear misericordiar[4], por tanto, el único camino para aprender a ser misericordia es aquel que pasa y nos toca en las entrañas al experimentarnos misericordiados y misericordiadas. “He sido perdonada, entonces renazco a una vida nueva; he sido «misericordiada», entonces me convierto en instrumento de misericordia” [5].

Pareciera entonces que incluso cuando este Evangelio me tira a hablar y reflexionar sobre mi ser mujer y las femineidades; creo que hoy, como Iglesia entera, podemos ponernos en la piel de esta mujer, compartir sobre lo que nos habita hoy.

Este momento doloroso en nuestra Iglesia puede dejarnos sin esperanza, con un profundo desánimo; quizás éste es el momento de volver a experimentar la Misericordia de Dios y re-conocernos Misericordiados/Misericordiadas; solamente desde esta experiencia fundante, que nos deja al desnudo delante de Dios, es que podemos comenzar a vislumbrar cómo ser una Iglesia Vulnerable y Misericordiosa; quizás éste es el sentido profundo del Kairós que hoy vivimos. Que nos regala de nuevo reconocernos hijos e hijas, destello del rostro de Dios en medio de nuestro mundo; porque, en última instancia es a través de nuestras rupturas, que la Gracia de Dios se cuela.


[1] cf. Lc. 13,10-13

[2] Papa Francisco, (2018) Visita al centro penitenciario femenino, Santiago, Chile

[3] Sobrino, J. (2007). El Principio-Misericordia, bajar de la cruz a los pueblos crucificados. Madrid, Sal Terrae.

[4]Papa Francisco (2016) Retiro espiritual por el jubileo de los Sacerdotes.

[5] Papa Francisco (2016). Misericordia et misera

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