el viento

Hno. Patricio Pino, fms
Hermanos Maristas

«Pero ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña”.
Y él respondió: “No quiero”, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: “Voy, Señor”, y no fue.
¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» —«El primero»— le dicen. Jesús les dice: «En verdad les digo que los publicanos y las rameras llegan antes que ustedes al Reino de Dios. Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y ustedes, ni viéndolo, no se arrepintieron ni le creyeron».

También a nosotros el Señor Jesús nos pregunta nuestro parecer en esta parábola de los dos hijos. En el texto, la pregunta va a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, en una seguidilla de diálogos y parábolas en el templo, realizados para ayudarles a abrir el corazón que se les ha embotado con tanta norma, tradición y estatus ante el pueblo que deben pastorear.  Pero cuando la comunidad de Mateo escribe esto en el evangelio, lo hace para que caigamos en la cuenta de nuestro proceder cotidiano en el discipulado que vivimos hoy tras sus huellas.

Con esta antítesis nos muestran lo que construye el reino y la comunidad de creyentes: escuchar el querer amoroso de Dios sobre nuestras vidas, y realizarlo, aún en la contradicción y la desolación. Y nos muestran, también, los íconos de las actitudes que el Espíritu bueno nos invita a cultivar: el hijo que dice no, pero se arrepiente y va; y los publicanos y las rameras que creen en él.

De ellos surge un itinerario de discipulado para tiempos difíciles y situaciones contrastantes, también para cuando nuestro corazón se embota en medio de nuestro rol y servicio en la comunidad o en la familia: ver, escuchar, arrepentirse, creer y hacer. Es un camino interior al que se nos invita y es lo que agradecemos y celebramos con fe en este domingo.