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Testimonio Misión Migrantes Iquique – CONFERRE (1 al 15 de diciembre de 2021)

Lo primero que quiero expresar es un profundo agradecimiento a Dios por haberme permitido vivir esta pequeña experiencia misionera. Desde mi ser creyente, sé que Él estuvo siempre presente en todo lo vivido en los encuentros con los hermanos y hermanas migrantes. Compartí este tiempo con dos Religiosas Misioneras: la Hna. Maricarmen de las Carmelitas Misioneras y la Hna. Judith de la Santa Cruz. Conformamos un equipo-comunidad durante esta quincena de diciembre.

Este tiempo de misión se desarrolló en pleno tiempo litúrgico del Adviento, un tiempo fundamentalmente para animar la Esperanza, sin embargo, en mi interior, cada vez que escuchaba y escuchábamos el relato de un migrante, me sonaba como canción de fondo: Camino del Viernes Santo del Padre Esteban; no sólo escuchar, sino palpar in situ sus necesidades básicas, tan básicas como un pan, un poco de agua, una frazada, un baño, un techo donde pasar la noche. “Camino del viento helado, contigo quiero andar… Perdóname primero mis manos limpias, mi pan seguro” El Cristo que vino, el Cristo que viene, el Cristo Migrante, el Cristo sufriente, el Cristo que se desprecia, el Cristo que decimos amar. 

A la ciudad de Iquique (en aimara: Iki Iki »lugar de sueños’, ‘lugar de descanso»), llegan todos los días los migrantes que bajan de Colchane. Se instalan en las Playas, alrededor de la Catedral, en las afueras del terminal de buses, deambulan por las calles, venden chocolates, venden chupetas, limpian los vidrios de los autos, es la lucha por mantenerse vivos y buscando la manera de continuar viaje a Santiago o hacia más el sur de nuestro país con la esperanza de encontrar un trabajo. Son jóvenes, son familias con sus niños, son madres solas con sus bebés que viajan para reunirse con sus maridos, todos irregulares, pues cometieron el “delito” de ingresar por un paso no habilitado.

Se respira un ambiente de cierto rechazo a los migrantes del ciudadano chileno común, algunas personas muy agresivas en sus expresiones hacia ellos. Al mismo tiempo, muchas personas e instituciones haciendo algo por ellos, para aliviarles en algo su peregrinar. Lo que más me llama la atención es no sólo la actitud xenófoba, sino la actitud de rechazo a los pobres, es la aporofobia.

¿Qué hicimos como equipo misionero?

– Tomamos contacto con el Obispado de Iquique donde fuimos orientados por la encargada de la Pastoral Social, la Señora Rosa. Ella nos envió a la sede de Incami, una modesta casa que queda hacia la salida de Iquique en dirección a Alto Hospicio: Los Maitenes 1423. Nos pusimos a disposición de dos Asistentes Sociales que estaban ejecutando un proyecto financiado por la Pastoral Social del Arzobispado de Santiago. Dicho proyecto estaba ofreciendo gifcard para alimentos, subsidios temporales de arriendo y pago de  hostales para familias que viajan hacia el sur. Estaban con mucha demanda de migrantes que vienen a inscribirse para luego ser llamados a recibir el beneficio. Ayudamos en las entrevistas, recibir, poner alcohol gel, facilitar baño, preocuparse de los niños. Diferentes historias, diferentes nacionalidades, un momento para hablar, desahogarse, ser escuchados, ser animados, contenidos. Por suerte había bastantes bolsas con útiles de aseo que pudimos ir entregando.

A partir de esas entrevistas, nos dimos cuenta, que algunas personas estaban viviendo en las Tomas de Alto Hospicio. Se nos iluminó ir a visitar al día siguiente que era un sábado.

En esta misma calle Los Maitenes se produce todos los días otro fenómeno, en las veredas y esquinas se apostan muchos migrantes para conseguir un trabajo por el día, es decir, una especie de “mercado laboral”.  Por un lado se ponen los varones, por otro lado las mujeres. Llegan los empleadores en vehículos que van llevando de a uno o dos, hasta tres personas. Los varones van para realizar labores de construcción, las mujeres para las labores domésticas. La mayoría son de Bolivia, Perú, algunos venezolanos, colombianos, haitianos. Por el día generalmente les pagan veinte mil pesos. Todas estas personas en su mayoría bajan de Alto Hospicio, de los Campamentos.

Fuimos varios días a esta sede en calle Los Maitenes. A partir de las entrevistas, seleccionamos algunas personas para entregar una pequeña bolsa de alimentos financiada por el aporte de un grupo pastoral pro migrantes de Concepción. El dinero alcanzó para comprar 13 bolsas con alimentos muy básicos. Sin duda, puede parecer muy insignificante, pero para los migrantes que la recibieron fue una bendición. En las condiciones que viven, con trabajos precarios, con gastos de arriendo, con obligación de enviar remesas a las familias en sus respectivos países, unos pocos alimentos donados son para ellos  una salvación y alivio. Ninguno quiere que siempre se les de algo, todos buscan poder ganarse el pan con el propio esfuerzo, todos quieren trabajar en cualquier cosa para autofinanciarse, mientras tanto se ven obligados a solicitar una ayuda solidaria.

– Pudimos visitar dos Campamentos en Alto Hospicio, la cual es una inmensa ciudad, con al menos cinco Campamentos en su parte marginal. Hicimos un recorrido por el Campamento Parque Oriente, tomando contacto con la Comunidad Católica y un Comité de Vivienda llamado Jesús de Nazareth. Con las dirigentes se acordó hacer una actividad con niños el sábado siguiente en la pequeña Capilla recién inaugurada. Caminamos por diferentes pasajes del Campamento, una especie de laberinto, muy fácil de perderse. Saludamos, conversamos con diferentes personas. Hay de todas las nacionalidades de nuestra américa latina. Nos detuvimos en las pequeñas “casitas” de una familia venezolana recién llegada de Colchane, una señora joven hacía un fuego para cocinar alguna cosa. La abuela estaba enferma, sus pequeños nietos nos hicieron pasar a su “cuarto”, oramos y le pusimos el sacramento de la Unción a la Sra. Cielo. Los niños oraron con mucha devoción. La Sra. Cielo sufre de obesidad y tiene serios problemas en su rodilla. Nuestra pregunta: Cómo pasó la frontera, la transportaron en una especie de carreta. Un inmenso sacrificio, es la lucha por buscar mejor horizonte, es la lucha por la vida.

El otro Campamento que logramos visitar fue el Paso de la Mula. Nos aconsejaron que no entráramos, pues, es muy peligroso. La porfía nuestra nos empujó a entrar. Fue una pequeña visita. Es una Toma reciente, resultado de los acontecimientos de Septiembre en Iquique, es decir, el desalojo de los migrantes. Todo está recién organizándose. Se paga por un terreno treinta y cinco mil pesos. Cada familia levanta como puede su casa, todo es de material ligero, un par de planchas de zinc y listo. Viven en este Campamento aproximadamente 700 familias.

La actividad con niños, muy bien organizada por las Hermanas Misioneras, fue todo un éxito. Se realizó dentro de la Capilla del Campamento Parque Oriente. Llegaron una treintena de niños: bolivianos, ecuatorianos, venezolanos. Jugaron, cantaron, recibieron golosinas; cada niño pintó un pesebre y se les conectó con el sentido de la celebración de Navidad que se avecina. La familia humilde de Nazaret que busca alojamiento, nadie les dio posada, pues,  no había un lugar para ellos. En un pesebre nace un niño pobre llamado Jesús (Cf. Lc 2, 6-7). Un niño tan cercano a los niños allí presentes en esa Capilla pobre, sencilla y humilde.

El callejeo. Sí, callejeamos bastante por Iquique para acercarnos a los migrantes. se trata no solo de esperar que vengan a nuestras oficinas, se trata de ir hacia, es decir, la actitud de una iglesia en salida, pues, muchos migrantes no saben dónde acudir. Dos puntos principales a los cuales fuimos: el terminal de buses y la playa. Nuestra labor fue escuchar, luego indicar los lugares para recibir algún apoyo. Derivamos hacia el Obispado de Iquique para la posibilidad de conseguir pasajes a Santiago u otra ciudad. Derivamos a la Fundación Madre Josefa de las Hnas. Del Buen Pastor. Les entregamos un díptico de dicha fundación para que fueran a presentar su situación. Hicimos harta propaganda. Realmente esta fundación realiza un servicio muy bien organizado, un trabajo no sólo de primer socorro, sino también de formación y promoción de las personas a través de talleres, huerto, etc. También entregamos caramelos a los niños, barras de avena para engañar el estómago y mascarillas. En algunos casos tuvimos que comprar pan, agua y leche para algún bebé. Muchos pidieron la bendición.

Hubo dos casos que nos impactaron como equipo. Una Señora Venezolana llamada Yesenia con cuatro hijos pequeños en las puertas de una Iglesia al caer la noche, con hambre, sin abrigo, haciéndose la idea de dormir a la intemperie. Logramos pagarle una habitación en una Hostal. Luego la vinculamos con la Fundación Madre Josefa. Allí se consiguieron los pasajes a Santiago. Gracias a Dios esta familia logró reunificarse con el Papá quien lleva un tiempo en Chile.

El otro caso de dos jóvenes hermanos venezolanos: Osvaldo y Lewis. De 18 y 25 años respectivamente. Han caminado hace más de un mes. El objetivo es llegar a Talca donde otro hermano quien los espera para trabajar como temporeros en la cosecha de frutas. Literalmente con hambre y con sed. Uno de ellos asustado por una infección de la piel consecuencia de la caminata. Logramos conseguirles una gifcard para alimentos, no se logró conseguir que les dieran una semana en un hostal, pues, no calificaban. Están viviendo en una carpa en la playa Cavancha. Felizmente el joven que está enfermo lo pudo ver un médico venezolano, llamado Juan de Jesús, recién llegado, también irregular, pero con mejor suerte. Se le ayudó a despachar la receta para aplicar el tratamiento. Junto con esta ayuda médica, fue encomendado su proceso de curación al Padre Damián, apóstol de los leprosos. Continúan en Iquique viendo el modo de reunir el dinero para el pasaje en Bus hacia la región del Maule.

A modo de conclusión:

– “Lo más urgente es curar”, es decir, ser una Iglesia Hospital de Campaña, según nos señala el Papa Francisco. Falta personal para atender este Hospital. ¿Te anotas?

– Lo que pudimos hacer en esta Misión, prácticamente es muy poco. Lo entendemos como un pequeño grano de arena o una gota en medio del océano inmenso y complejo de la migración.

– Los migrantes son personas con nombre y apellido, no son simplemente un número, una estadística. Más que una crisis migratoria, es una crisis humanitaria que golpea en particular a los venezolanos y que afecta a toda la región.

– Muchas veces perdemos el tiempo en reuniones –no digo que hay que eliminarlas- donde planificamos tanto y muy poco hacemos. Un exceso de reuniones que a veces sirven para sostener una pura estructura, más que para transformar la realidad y hacer más visible el Reino. Es como el blá blá de los líderes mundiales que decía la joven activista sueca Greta Thumberg respecto de la crisis ecológica.

– En Iquique o en Colchane, se precisa dar curso a dos de los verbos del Papa respecto de los migrantes: acoger y proteger. Luego, en otra etapa vendrá el promover y el integrar. Dejar fuera nuestras ideologías pastorales: asistencialismo versus promoción humana. Todo en su momento, Todo tiene su tiempo.

– Disposición espiritual a caminar mucho, a escuchar mucho, a abrir bien los ojos.  Algunos peregrinan a Santiago de Compostela, otros a Tierra Santa, en busca de una renovación espiritual. Ésta es también una peregrinación. Una peregrinación de servicio misionero para abrazar las llagas del Cristo sufriente en cada hermano y hermana migrante. Una peregrinación que puede ayudar a sanar heridas y miserias personales.

– Muy importante que no sea un paréntesis dentro de la vida habitual, sino que se convierta en un compromiso a seguir trabajando por los migrantes donde se esté, pues, migrantes hay en todo Chile y en todo el mundo.

Erwin Harnisch Lagos ss.cc.
Hualpén, 16 de diciembre de 2021