martes , 28 mayo 2024
Hna. Julia Igor

Pascua de Hna. Julia Igor, Ursulinas de Jesús

Una mujer perfecta ¿quién la encontrará?

Queridas hermanas, querida Familia de la Encarnación, queridos familiares y amigos:

En el día de la Asunción queremos compartir con ustedes que nuestra hermana Julia ha sido llamada a la Casa del Padre. Celebremos juntos su pascua.

María Rosalía Igor Lemus, conocida por todos como Julia.

Julia nació el 1 de abril de 1929, en Carelmapu, en el seno de una familia conformada por su padre don Manuel Igor Cárcamo y su madre doña María Primitiva Lemus; de este matrimonio nacieron 6 hijos, siendo Julia la menor.

En el año 1955, teniendo 26 años, Julia ingresa a la congregación Ursulinas de Jesús, en el noviciado de Ancud, donde comienza su formación a la vida religiosa, convirtiéndose así en la primera hermana chilena de la congregación.

Su primera misión, una vez finalizado el noviciado fue ser responsable de la cocina del internado de Ancud y de las religiosas. A nuestra hermana Julia le tocó vivir los tiempos difíciles de los comienzos de la congregación en Chile, donde había escasez, pobreza, por lo tanto, una vida de esfuerzo, de mucha entrega para poder atender a las necesidades básicas de las alumnas internas de estos primeros años de las Ursulinas de Jesús en Ancud.

Posteriormente, es enviada por la congregación a otra misión diferente, encargada de la promoción humana y de la evangelización, en Quellón, Chiloé. Recorrió islas, donde no le importaba las inclemencias del tiempo para visitar a las comunidades rurales para anunciar el Reino.

Después de unos años de estar presente en Quellón, don Juan Luis Isern, obispo de la Diócesis de San Carlos Borromeo de Ancud, le confía la responsabilidad y animación de la Parroquia de Quellón, nuestra hermana visitaba las comunidades del territorio de la parroquia donde bautizaba, casaba y hacía los funerales. Y, también, como todo párroco le tocó bendecir casas, autos…siempre al servicio de las personas…aquí desarrolló un gran espíritu humano y misionero.

Una vez finalizada nuestra presencia como congregación en Quellón, nuestra hermana Julia fue enviada a Santiago, donde pasó la mayor parte en la comunidad de santo cura de Ars, en San Miguel. Aquí siguió su ser de misionera en la parroquia Santo Cura de Ars donde siempre se destacó por su cercanía, sencillez, y por su gran perseverancia en la oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Julia, también fue enviada por algunos años a la comunidad de Pudahuel, donde se hizo querer rápidamente…aquí se entregó con alma y corazón al acompañamiento de adultos mayores, de hecho fue miembro de un grupo del adulto mayor, experiencia que ella recordaba siempre con mucho cariño.

En el año 2017, tuvimos la gran alegría de celebrar con ella sus 50 años de vida religiosa, donde fuimos testigos de su fe y la alegría al renovar su alianza con Jesús Verbo Encarnado.

¿Qué decir de esta gran mujer?

En su seguimiento a Jesús hizo carne los valores del Evangelio.
Mujer de corazón sencillo, cercana, solidaria, acogedora, servicial, esforzada…
Mujer fuerte y trabajadora. Buscadora de soluciones ante los problemas.
Mujer de principios y luchadora por lo que creía justo.
Mujer de un carácter fuerte.
Mujer de fe profunda, con un gran amor por Jesucristo y por sus hermanos/as.
Mujer generosa…con ella “a nadie le faltaba el pan”.
Mujer profundamente hospitalaria, siempre preocupada no solo de sus hermanas, sino de todos aquellos que venían a nuestra casa.
Mujer habitada por el Espíritu, que le hacía salir al encuentro de los otros…cuántas visitas, cuantos encuentros…
Mujer de la alegría y del buen humor, de la sonrisa tierna y con una cierta picardía.

En sus tiempos libres se dedicaba a muchas de sus pasiones:

  • al tejido, al telar, donde no faltaron frazadas, bufandas, ponchos, carteras, ropa para bebé… cuántos de nosotros gozamos de sus hermosos tejidos!
  • a la cocina ….Cuántos panes, mermeladas preparó para regalar a tantas personas que pasaban por la casa!
  • al jardín, las plantas…

Nuestra hermana nos deja un gran legado, al cual nos sentimos invitadas a continuar dando vida.

Querida Julita, agradecemos tu presencia en medio de nosotras y tu testimonio de fidelidad en tu seguimiento a Jesús y, agradecemos tu pertenencia y compromiso fiel a tu familia religiosa.

Que el Señor te tenga en su Reino, y te conceda la plenitud de su amor. Descansa en paz Julita, te queremos mucho.

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