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En Adviento abramos nuestros corazones a las necesidades de los demás

Papa Francisco, 02 de noviembre 2018

El Santo Padre señaló que “hoy comienza el Adviento, el tiempo litúrgico que nos prepara para la Navidad, invitándonos a alzar la mirada y abrir el corazón para recibir a Jesús, lo que se espera de la gente”.

“En Adviento no solo vivimos la espera de la Navidad”, indicó, sino que “también estamos invitados a despertar la expectativa del glorioso regreso de Cristo, preparándonos para el encuentro final con Él con decisiones coherentes y valientes”.

“En estas cuatro semanas estamos llamados a salir de un modo de vida resignado y rutinario, alimentando esperanzas y sueños para un nuevo futuro”, expresó.

El Papa subrayó que para “vivir este tiempo desde hoy hasta Navidad”, es clave “estar en vela y orar”.

“El sueño interior nace del girar siempre en torno a nosotros y nos quedamos atrapados en nuestra vida cerrada con sus problemas, sus alegrías y sus dolores”. Mientras que el Adviento, dijo, “nos invita a un compromiso de vigilancia, mirando hacia afuera de nosotros mismos, ampliando nuestra mente y nuestro corazón para abrirnos a las necesidades de nuestros hermanos y al deseo de un mundo nuevo”.

“Es el deseo de tantos pueblos atormentados por el hambre, la injusticia y la guerra. Es el deseo de los pobres, los débiles, los abandonados”.

“Este tiempo es oportuno para abrir nuestros corazones, para hacernos preguntas concretas sobre cómo y por quién gastamos nuestras vidas”, aseguró.

El tiempo del Adviento, añadió, “se trata de levantarse y orar, de volver nuestros pensamientos y nuestros corazones a Jesús que está por venir”.

“Te levantas cuando esperas algo o a alguien”, indicó, y precisó que “nosotros esperamos a Jesús y lo queremos esperar en oración, que está estrechamente relacionada con la vigilancia”.

“¿Pero cuál es el horizonte de nuestra espera en oración? Lo indican en la Biblia sobre todo las voces de los profetas. Hoy es la de Jeremías, que habla al pueblo que fue sometido a duras pruebas por el exilio y que corre el riesgo de perder su propia identidad. Incluso nosotros, los cristianos, que también somos el pueblo de Dios, nos arriesgamos a mezclarnos y perder nuestra identidad, de hecho, para ‘paganizar’ el estilo cristiano”.

Al finalizar su mensaje, el Papa expresó su deseo de “que la Virgen María, mujer de espera y oración, nos ayude a fortalecer nuestra esperanza en las promesas de su Hijo Jesús, a experimentar que, a través de las pruebas de la historia, Dios permanece fiel y se sirve de los errores humanos para mostrar su misericordia”.

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