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Comentario Evangelio 28 de Noviembre

“Tengan ánimo… está por llegarles la liberación”
(Lc 21,25-28.34-36)

Hna. Jacqueline Rivas, CS
Catequista Sopeña

Empezamos el Tiempo de Adviento. Tiempo para avivar la esperanza. Un tiempo tal vez más necesario que nunca. Corren tiempos difíciles. Vivimos en medio de una crisis sanitaria, económica, migratoria prolongadas… En todo el mundo, incluido nuestro país, estamos inmersos en fuertes inestabilidades políticas, sociales. Frente a eso, el evangelio de este domingo nos ilumina con un pequeño rayo de luz.

La Iglesia nos propone meditar en el que solemos denominar discurso escatológico de Jesús, en la versión de Lucas. Una primera lectura nos deja fuertemente impactados. Todo son desastres y catástrofes. Sin embargo, en medio de ese caos, una palabra de esperanza: «Tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación».

La invitación que se nos hace es a, en medio de este caos, descubrir las señales de la presencia de Dios en nuestra historia. Aunque a veces parece lo contrario, sigue habiendo más luz que oscuridad. Hay tantas personas e instituciones que hacen el bien. Sí. El Señor sigue actuando en medio de este caos. Y lo hace “a su modo”, sin hacer ruido, pero produciendo grandes transformaciones a través de las personas que le abren la puerta y aceptan su invitación a paliar el sufrimiento, a dar una palabra de aliento, a comprometerse en tantos proyectos solidarios, a ser testimonio de esperanza. ¡Cuánta solidaridad en estos tiempos de crisis!

El riesgo, como dice el evangelio de este domingo, es dejarnos abatir por el miedo y la angustia. No. Nuestro Dios es el Señor de la historia y nos sigue conduciendo hacia Él, aunque a veces tenga que dar muchos rodeos.

Por eso, contra el miedo y la angustia, se nos alerta para no dejarnos aturdir por las preocupaciones de la vida ni buscar evasiones fáciles. Más aún, se nos invita a estar atentos, despiertos (¡muchos nos quieren dormidos y abatidos!) y a orar incesantemente.

Dejemos resonar en nuestro corazón estas palabras de ánimo del Señor. Renovemos nuestra fe en su poder liberador. Sigamos poniendo todo lo que está de nuestra parte para hacer un mundo como lo soñó Dios desde el principio. Y, repitamos con confianza, una vez más: ¡Maran-atha! ¡Ven Señor Jesús! Hoy, más que nunca, el mundo necesita hombres y mujeres portadores de esperanza, una esperanza fundada en la convicción de que nuestra vida y la del mundo entero, está en manos de Dios, unas manos seguras y amorosas.

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