Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas.

María Alicia Briseño
Hija del Espíritu Santo

Evangelio según San Lucas 12, 13-21

Llama la atención parte de este episodio del Evangelio, como entre la multitud que siguen a Jesús. Uno de le dice “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”.

Como seguidoras o seguidores de Jesús en ocasiones vamos buscando otras cosas que no son las que Jesús nos propone en nuestra vida. Es por eso que responde “Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?”

Amigo, esta expresión de Jesús, parece que no es alguien desconocido para Él. Frente a estas primeras palabras, una primera inquietud que surge una pregunta. ¿Por qué voy siguiendo a Jesús o para qué? Uno se remonta al primer llamado donde él nos pide dejar todo y seguirlo. Pero qué se nos va presentando en el camino, muchas veces vamos perdiendo el sentido del seguimiento, la frescura de re encantarnos en él y nos centramos en los bienes materiales, en nuestras propias riquezas, en querer ser el centro y dejarlo de lado.

La parábola del hombre rico que presenta Jesús nos habla de un hombre cuyas tierras han producido mucho y no tiene donde guardar su cosecha.

Frente a una realidad de tanta pobreza, migración, falta de atención médica, desempleo por mencionar algunas. Hoy existe esta misma realidad, personas que tienen demasiado y no hayan qué hacer con sus bienes y otras que no tienen ni lo indispensable para vivir.

Hoy Jesús nos recuerda, hacia donde hay que dirigir nuestra mirada, en primer lugar hacia el Padre que es el que nos da la vida en abundancia y no en querer acumular cosas, riquezas, que a veces nos son materiales, pero que si nos van descentrando y nos van llevando a un egoísmo, de querer estar bien nosotros y los nuestros y lo demás que siga su vida.

Hoy el evangelio nos invita a cuestionar nuestra vida, saber que se nos olvida mirar al lado y ver con los ojos de Jesús lo que está aconteciendo en nuestra realidad, cómo yo tengo todo lo necesario y quiero seguir acumulando, aunque el otro esté pasando hambre, frío, falta de salud.

¿Qué estoy cosechando o acumulando en este momento de mi vida? ¿Para quién voy acumulando las cosas?

Quisiera cerrar esta reflexión con este texto. «El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.»  (Mt. 10,39)

Muchas gracias a quienes leen este comentario. Que el Espíritu Santo nos siga llevando en todo momento a Jesucristo.

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