EL VIENTO SOPLA 2021

Comentario Evangelio 01 de Agosto

“Yo soy el Pan de vida. El que viene a mi jamás tendrá hambre,
el que cree en mi jamás tendrá sed”
Juan 6,24-35

Fidela  Bórquez Sandoval, fmm
Franciscana Misionera de María

Todo el capítulo 6 del Evangelio de Juan tiene como hilo conductor el discurso del Pan de Vida, es así que el domingo pasado reflexionábamos sobre el signo de la multiplicación de los panes y como después de dar de comer a una multitud, quienes se preguntan si éste no sería el profeta anunciado Jesús, viendo que lo querían hacer rey, se retira a la montaña para estar solo. Jesús huye de   la exposición pública pues sabe que ese no es el fin de los signos que él hace.

Ahora vemos en este episodio que los discípulos y Jesús ya se encuentran en Cafarnaúm.   La multitud que fue saciada los busca, Es el mismo Jesús que les reprocha que lo buscan por interés y les invita a trabajar por el Pan que permanece hasta la Vida Eterna.

Él les critica que lo ven como un milagrero que dio de comer a una multitud Por eso quiere que trasciendan, que trascendamos.

En este tiempo de Pandemia no nos hemos cansado alzar las manos, implorando la misericordia de Dios, hemos orado una y otra vez para que ocurran los milagros de sanación.

Personalmente creo que el milagro más difícil   es aceptar que las cosas no se van a dar como nosotros queremos y pensamos. Aceptar los caminos de Dios no siempre es tarea fácil y no siempre se vive en paz por mucho que digamos creer.

¿En qué basamos nuestra fe? ¿Milagros, apariciones, hechos extraordinarios? ¿En el encuentro personal con Cristo

En estos tiempos hemos visto milagros patentes, que dan y generan vida, esa    multiplicación de los panes y peces se vuelve hacer realidad cada vez que una comunidad cristiana, una junta de vecinos o un grupo de amigos que se reunieron para ir en solidaridad de aquellos que no tenían qué comer, cuando aquella abuelita pobre dio un aporte de alimento, de lo que ella misma    necesitaba para vivir. El mayor milagro de estos tiempos es salir de nosotros mismos, de nuestras comodidades e ir al encuentro del que menos tiene, del que está viviendo con angustia la soledad.

Jesús dice a la gente que hay un Pan verdadero, que lo da el Padre y es el Padre quien nos da a Jesús. Y el enviado declara con firmeza “Yo soy el Pan de vida. El que viene a mi jamás tendrá hambre, el que cree en mi jamás tendrá sed”

El Yo soy es la certeza de nuestra fe y plenitud, solo hay que ir a Él para no pasar hambre ni sed. Constantemente estamos buscando cómo saciarnos, nos llenamos, nos indigestamos de cosas que siempre nos dejan con ganas de más. Y aunque seamos consagrados no siempre nos alimentamos con el Pan de Vida.

¿Dé que me he alimentado en este último tiempo? ¿Qué me ha quitado el hambre, la sed?

El desafío de hoy y siempre es creer en el enviado del Padre, de aceptar una vez más esta invitación de caminar junto a Él para que vivamos un encuentro personal que transforme toda nuestra vida y nos vaya configurando a Él, a este Maestro y Señor que no se quedó indiferente ante el sufrimiento de su pueblo, sino que se compadeció.

Pidamos la   gracia de alimentarnos por el Verdadero Pan de Vida.   

el viento