Estimado Sr. Ministro,
Estamos en un año escolar complejo, con mucha incertidumbre y situaciones difíciles, que probablemente se irán agravando en las semanas que vienen. Frente a ello, la autoridad ha ido tomando varias decisiones que –como ciudadanos y ciudadanas– seguimos y aceptamos, confiados en que son las mejores para el conjunto de la sociedad.

Sin embargo, las redes de colegios y sostenedores firmantes –que representamos 124 centros educativos en que se educan más de 115.000 estudiantes– no estamos de acuerdo con una decisión particular, pues creemos no va en beneficio de todos y todas.

Nos referimos al nuevo calendario escolar y, en específico, a la nueva calendarización de las vacaciones de invierno. Tradicionalmente, estas se han tomado durante el mes de julio. Ahora, fueron adelantadas para las semanas del 13-17 y 20-24 de abril.

Nuestro desacuerdo con esta nueva calendarización de las vacaciones de invierno se funda en el siguiente razonamiento:

  1. Según señalaron el Ministro de Salud y la Organización Panamericana de la Salud, el peak de contagios del COVID-19 será en mayo. Esta proyección permite anticipar que, difícilmente, los colegios reanudarán las clases antes del 15 de mayo. Probablemente, eso suceda en junio o incluso quizás en julio.
  2. Comenzar las vacaciones el 13 de abril implicará que los esfuerzos de los colegios para que sus profesores(as) puedan establecer y mantener los vínculos con sus estudiantes, así como hacer seguimiento de sus procesos de aprendizaje (como sea que ello esté ocurriendo en cada realidad), se verán interrumpidos. Esto después de cuatro semanas, cuando los esfuerzos ya han empezado a tomar forma más estable, tanto para los profesores(as) como para los estudiantes y apoderados(as). Si –como todo indica– el cierre de los colegios se prolonga, reiniciar estos esfuerzos el 27 de abril será complicado. Habremos perdido mucha energía en instalar prácticas que pasaron por etapas de prueba, error y habituación.
  3. Desde el punto de vista de las familias, estas últimas semanas de cierre de los colegios han significado ir a buscar materiales a los colegios, aprender a montar rutinas para que los hijos(as) tengan horarios y espacios de estudio y trabajo, y organizarse para compartir los espacios y recursos tecnológicos disponibles, de manera que los niños(as) puedan avanzar. Tener vacaciones hoy significará perder la
    estructura que se haya logrado establecer o, alternativamente, no tener vacaciones reales.
  4. Para muchos y muchas, quizás lo más grave será la interrupción de los vínculos que el profesorado haya podido mantener con sus estudiantes durante este tiempo. No solamente en cuanto al seguimiento de los procesos de aprendizaje (en cualquiera de sus versiones: por teléfono, redes sociales, aplicaciones de videoconferencia, plataformas escolares especializadas, etc.). Quizás más importante, en cuanto al acompañamiento y contención que miles de profesores(as) están dando a sus estudiantes y, en no pocos casos, a las mismas familias.
  5. En el marco de lo anterior, ¿quién entregará los alimentos aportados por JUNAEB a las familias de colegios municipales y subvencionados entre el 13 y el 24 de abril?
  6. Al anunciar esta medida, Sr. Ministro, usted señaló que regresaremos a clases y seguiremos de largo (sin parar) hasta mediados o fines de diciembre. O sea, tendremos un año escolar de junio (o julio) hasta diciembre, sin interrupciones. Tanto para profesores(as) como para estudiantes, esta calendarización va en claro desmedro de la salud mental, que es base del proceso de enseñanza-aprendizaje. Es impensable tener siete u ocho meses de trabajo escolar sin descanso.
  7. Por último, dos semanas de vacaciones entre el 13 y el 24 de abril no cumplen con el objetivo primordial de las vacaciones, que es reparar las energías para el siguiente período. Estando encerrados, no hay las condiciones mínimas necesarias para descansar y preparar la mente y el espíritu para meses complejos y duros de
    aprendizaje en un año excepcional.

En síntesis, vemos que detenerse del 13 al 24 de abril, confinados en los hogares, será solo un paréntesis que no contribuirá ni a la salud mental ni a los procesos de enseñanza-aprendizaje presentes o futuros. Ante la crisis, creemos que –en la escala de prioridades– cuidar a las personas antecede a la cobertura curricular.

Por ello, le solicitamos considerar una de las siguientes alternativas: (a) posponer las vacaciones para otro momento, cuando niños(as) y adolescentes puedan salir, jugar, reunirse y recargar energías, así como quienes trabajan en el mundo escolar puedan recuperarse de semanas de encierro a cargo de sus familias y con trabajo a distancia, o (b) dar a los establecimientos escolares libertad de acción para que cada comunidad
reflexione y decida qué es más adecuado para su gente y el proceso de enseñanza-aprendizaje de sus estudiantes.

Sin otro particular, se despiden atentamente,

Comments

  1. Estoy completamente de acuerdo, yo las dejaria para cuando podamos salir seguros de que esto ya pasó, cuando ellos puedan verse, abrazarse, por sobre todo ir a ver a sus abuelos, Tios, Primos etc.
    Cuando todo esto pasé, esas serán las vacaciones de Invierno más maravillosas y recordadas de toda su vida.
    Viva la Familia Unida

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