el viento

Fiesta de Pentecostés

Hna.  Teresa Figueroa Martínez,cm
Carmelita Misionera

Hoy celebramos una gran fiesta: “Pentecostés”. Y me pregunto ¿qué significa celebrar hoy en este contexto de Pandemia, cuando en Chile aumentan cada día los casos de contagio y de fallecidos?

Pareciera que nunca vamos a terminar con el coronavirus y realmente no, no se va a terminar, vamos a aprender a vivir con él, así como lo hacemos con un sin fin de virus, descubrirán la vacuna que nos ayudara a hacerlo y la vida continuará. ¿Es bueno celebrar en este contexto? Y rápidamente respondemos sí, hay que celebrar, porque tenemos motivos para hacerlo.

Vamos al texto del hoy. Los discípulos estaban reunidos a puertas cerradas, por miedo. Y Jesús se presenta en medio de ellos deseando la paz, mostrando las manos y el costado, signos del Resucitado.

Hoy nosotros también estamos encerrados y muchos tienen miedo…. Al contagio… porque son de alto riesgo. Miedo a morir, a ser discriminados…

La Presencia de Jesús en medio de los discípulos, les da aliento, les llena de esperanza y valentía. Pero esta presencia carece de triunfalismo, es el mismo Jesús que estuvo con ellos, que vivieron la experiencia de un Dios personal y comunitario a la vez. El mismo Jesús que sanó, libertó, tuvo gestos de misericordia, compasión, que tendió la mano, que miró a los ojos, que ayudó a levantar, que perdonó e invitó a vivir de una nueva manera, con un nuevo pensar, con un nuevo estilo de relaciones. El mismo Jesús que comió con ellos, se alegró, lloró.

La experiencia que los discípulos tuvieron con Jesús y la promesa que Él le hizo de enviarles el Espíritu Santo, los anima, les reconforta y les impulsa a hacer que todos le conozcan, le amen y le sigan. Y así van dando testimonio.

Sí, es muy bueno celebrar Pentecostés en este contexto que estamos viviendo, para animarnos y animar a los demás. Para llegar a todos, especialmente a aquellos que están solos, se sienten solos. A los que han perdido la esperanza, a los que han perdido la fuente de trabajo, a los que han perdido el sentido de la vida. A las familias que no han podido despedir a sus seres queridos y darles un último adiós. A los que no tienen qué comer.

Sí, es bueno celebrar, para testimoniar una Iglesia cercana, acogedora, que se la juega por Dios y los prójimos.

Sí, es bueno celebrar porque también hoy Jesús nos dice “La Paz está contigo”, así como el Padre me envió, así te envío Yo.

Y  ¡cómo no alegrarnos!  cuando vemos a tantos y tantas, que se la juegan por dar vida: en los hospitales, en los hogares de ancianos (as), en la calle, en las ollas comunes, en la recolección de alimentos, en ofrecer establecimientos y dependencias para atender a enfermas y enfermos, para acoger a migrantes, el servicio del personal de servicios de emergencia, de supermercados, negocios…

Y otros otras dando vida en la oración del día a día, en las celebraciones Eucarísticas, en las reflexiones de la Palabra… en fin…. La lista se hace interminable.  Sólo pensar y ver la comunión que se ha generado esa es la presencia del Espíritu que anima, conforta, consuela, que es descanso de nuestros esfuerzos, que reconforta en los duelos y enjuga las lágrimas.

Oramos: Señor, entra hasta el fondo de aquellos que tienen un corazón duro, que no son responsables con su propia vida ni la de los demás.

Señor, mira el vacío del hombre, si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos por tu bondad y tu gracia. Dale al esfuerzo su mérito, salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén. (Ven Espíritu Divino. Secuencia de Pentecostés).

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