el viento

Hermano Ramón Gutiérrez Pavez, a. a.
Asuncionista

El también vio y creyó

En tiempo de pandemia, en tiempo de temor y extremos cuidados, nos hace mucho bien celebrar este domingo de Pascua y reitero, celebrar.

Llevamos varios e interminables días metidos en el “sepulcro” de nuestros miedos al contagio. Para muchos–as ha sido el tiempo maravilloso de conocer mejor a sus hermanos, a sus hermanas, de comunidad, según sea el caso. Por lo general, la vida religiosa nos permite estar tranquilos en nuestras comunidades y conventos.

Me consta que hay hermanos y hermanas que apenas se pueden mover en un estrecho espacio… Tienen patio, pero es compartido con familias… Son los riesgos y los desafíos de las inserciones. Esas hermanas y esos hermanos me cuestionan, me dan buen ejemplo, me enseñan que se puede servir realmente desde el corazón con los mínimos medios materiales. Pienso, en este momento en dos maravillosas mujeres consagradas que viven en Renca (Santiago). Optaron, con los respectivos permisos de su congregación vivir al lado de los sencillos y siendo ellas unas más. ¡Dios de la Vida, el Resucitado cuide y acompañe a tantas mujeres y hombres consagrados que viven de igual forma!

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Dichosos nosotros que sabemos que Jesús está en cada persona y que ese fue el comienzo de una Vida sin luto ni dolor. ¡La esperanza salió libre y la prueba para ese grupito inicial fueron las vendas por ahí amontonadas!

Hermanas y hermanos que visitan este sitio de CONFERRE: llevo ya varios encuentros y todavía me pongo nervioso al comentar la Escritura con ustedes. Pero hoy quiero estar contento y con cara de resucitado, porque el Señor que nos llamó, venció con su resurrección, todas las muertes, todos los males, todas las penas, todas las sombras. ¡Aleluya!

Hoy unidos-as en una preocupación mundial no tenemos que dejarnos vencer por el miedo, por la angustia y todos sus derivados…

Cristo resucitó y se nos muestra vivo y entregado en plenitud en cada uno y en cada una de las personas que trabajan en el mundo de la salud, con muchos o pocos medios, arriesgando sus propias vidas. ¡Gracias, Cristo resucitado!

Cristo resucitó y se muestra en todas esas abnegadas monjas que son madres de los hijos de otras mujeres y madres de las mujeres golpeadas por la vida. ¡Gracias, Cristo resucitado!

Cristo resucitó y se muestra en todas esas personas que en Chile y en el mundo, se arriesgan saliendo a la calle para hacernos el pan que cada día comemos al desayuno. ¡Gracias, Cristo resucitado!

Cristo resucitó en los religiosos que por las redes sociales o directamente por teléfono llevan aliento a las comunidades cristianas inquietas por la falta de celebraciones. Ellos escuchan con paciencia a los que se desesperan en su obligada cuarentena. ¡Gracias, Cristo resucitado!

Cristo resucitó en los intelectuales y pensadores que nos aportan sus reflexiones y sus miradas críticas para ayudarnos a ser buenos ciudadanos y no desesperarnos en este tiempo de clausura obligada. ¡Gracias, Cristo resucitado!

Cristo resucitó en todos esos servidores que se arriesgan controlando el tránsito, cuidando que nos quedemos en casa, evitando los robos, socorriendo emergencias en cualquier hora del día. ¡Gracias, Cristo resucitado!

Cristo resucitó en todas las monjas y monjes contemplativos que han cerrado las porterías de sus conventos y que han sido capaces de alterar sus costumbres monásticas por el bien de ellos y de ellas. Rezan y nos fortalecen con sus plegarias y ejemplo. ¡Gracias, Cristo resucitado!

Cristo resucitó en todos-as quienes se preocupan del vecino, familiar, amigo o conocido más vulnerable y se lo hace sentir con palabras o con gestos concretos de servicio especialmente a los ancianos que viven solos. ¡Gracias, Cristo resucitado!

Podría continuar con larguísima letanía, pero es mejor que le invite a cada una y cada uno de ustedes que la completen; por ejemplo, esta tarde de DOMINGO DE PASCUA, que seguramente nos quedará un tiempo libre.

¡Qué maravilla que haya salido del sepulcro!

A nosotros nos cuesta tanto porque nuestra humana condición nos tironea a la oscuridad del sepulcro. Sin embargo, somos hijos-as para la vida y para dar vida.

Es posible que por estos días estemos tentados-as a desesperar de lo que nuestra humanidad vive y que si cargamos con años y enfermedades temamos que nos puede tocar la muerte. Pero si nos toca que nos encuentre fuera del sepulcro tenebroso y estemos a plena luz aferrados al único que es dueño de la vida porque él mismo es la Vida y eterna.

Nosotros estamos viendo la acción amorosa de Dios vivo y por eso creemos.

Resucitó de entre los muertos. No nos cabe duda. Y los muertos éramos nosotros: Muertos de consumo, muertos de envidias, muertos de egoísmo, muertos de cosas inútiles, muertos de ganas de sobresalir, muertos de orgullo, muertos de ruidos…, en fin, muertos. Ahora vivimos porque Cristo vive resucitado en ti, en mí y en todo-as. ¡Aleluya, aleluya, Cristo resucitó y nosotros con Él!

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