el viento

“Perder y ocultar”

Bernardita Zambrano Chávez
Religiosa del Sagrado Corazón

En este capítulo de Mateo, Jesús ha pronunciado hace poco lo que será su programa, ese al que invita a sus seguidores: las bienaventuranzas. Un programa que requiere de discípulos y discípulas con esa convicción que sólo puede venir de la fe, capaces de implementar con su vida esa bienaventuranza, en medio de las contradicciones y paradojas de la vida como son la pobreza, la tristeza, la persecución, las injurias, pero también de la belleza que brota de un corazón manso, justo, limpio, misericordioso y que busca la paz. No se trata de un programa fácil, pero en todo se cuenta con su gracia, Jesús sólo pide la lealtad y confianza de los amigos y amigas que deciden seguirle, para que no decaigan en el camino.

Quizás por eso aparecen luego estas dos advertencias que nos vienen bien recordar en este domingo a todos los cristianos, pero especialmente, a quienes hemos consagrado la vida por Jesús y su Reino. Les habla primero de no perder el sabor, poniendo como ejemplo lo que ocurriría si la sal se pusiera insípida y luego les advierte de no ocultarse u ocultar aquello que han recibido como don, es decir, la propia gracia de Dios, al ser contados como discípulos y discípulas de su Reino.

Teniendo presente estas advertencias cabe entonces preguntarse, primero, qué hemos perdido o cómo se nos ha ido acabando la esencia de nuestro ser, por ejemplo como consagrados y consagradas. ¿Que pasó con la chispa, esa donde Dios puso su mirada y desde donde nos enamoró? Que pasó con el entusiasmo, la urgencia por el Reino, la generosidad, la creatividad, los sueños de una nueva humanidad, el deseo de una vida más digna para niños, jóvenes, enfermos, pobres, etc. En qué hemos ido perdiendo sabor o qué nos está haciendo cada día más desabridos y desabridas.

Y la segunda advertencia habla de ocultar lo que se nos dio y entonces nos interpela: qué estamos ocultando, qué nos hemos ido acostumbrando a no mostrar de nuestras capacidades, nuestro pensamiento crítico, nuestras intuiciones, que muchas veces guardamos por miedo al rechazo o simplemente para no generar conflicto o para evitar que el costo de arriesgar la palabra implique perder aplausos u otro tipo de compensaciones de quienes tienen más poder. Qué estamos usando como excusas para no dar la totalidad del don que se nos dio con la consagración. Detrás de qué nos ocultamos para no mostrar la belleza en plenitud que Dios nos invita a manifestar. Qué nombre tienen los “celemín” en nuestra iglesia que ya no se muestra como la ciudad en la cima de una montaña.

Jesús ha confiado la misión y anuncio de su buena noticia, no a expertos en marketing, pero si a amigos y amigas (Juan 15, 15) que cuentan con toda su confianza, y lo más importante, con su gracia dada en el bautismo y ratificada en la consagración religiosa. De cada uno /a sólo espera, lo que espera todo amor: la resuelta convicción y apuesta por entregarlo todo, sin reservas a Quien se ama. Quizás ayude recordar estas sentidas palabras de nuestra querida Gabriela Mistral, pensando que es el mismo Cristo quien nos hace este recordatorio sobre la amistad a la que Él nos invita:

“Decir amistad es decir entendimiento cabalconfianza rápida y larga memoria; es decirfidelidad”.

Quién mejor que Dios que nos entiende a cabalidad, quién más que Dios que confía en nuestros dones más que nosotros mismos, quién más que Dios que lleva contados los días de nuestra vida, con sus alegrías y angustias, tristezas y esperanza, quién más que Dios que es toda fidelidad… es la mejor amistad con la que contamos. Por eso nos impulsa a no perder la esencia y a no ocultar el don, sobre todo en este tiempo crítico en Chile, que de la noche a la mañana se ha descubierto sin luz y sabor en medio de la tiniebla de la desigualdad, los abusos , las injusticias y la vida indigna de tantos y tantas que continúan sufriendo hoy.

Es tiempo de serlo todo, decirlo todo, entregarlo todo.

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