el viento

La presentación del Señor,
la presentación de nosotros/as

Carolina Madariaga M.
Religiosa del Buen Pastor

El evangelio de este domingo, la presentación del Señor en el templo podemos conectarlo con el del domingo pasado, Juan Bautista había sido encarcelado y Jesús comienza a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Es que ese Reino es él mismo que se ha ofrecido como ofrenda de salvación.

Podemos ver en la presentación este gesto tan importante para todo israelita, ofrecer al Señor a su primogénito, así como lo hizo Abraham, y poner sobre el altar una ofrenda que en el caso de Jesús los dos pichones nos hablan de la pobreza de su familia, ya que era la ofrenda de los pobres.

Este evangelio en cierta forma sintetiza el por qué de la encarnación: es para la Salvación de todo hombre y mujer, la presencia de Jesús trasluce la presencia del Reino que ya viene anunciando, él mismo es el Reino que trae luz a las naciones.

Podríamos decir que la presentación es un anticipo de la vida y misión del Hijo de Dios, no solo un rito, está cargada de un carácter soteriológico, porque Jesús ha venido como ofrenda para la humanidad, y es reconocido por los pobres como Simeón o la profetiza Ana, es él a quien esperábamos para liberarnos de la muerte y ser llamados hijos e hijas de Dios.

Sin embargo, podemos quedarnos en una reflexión teológica del evangelio, contradiciendo uno de los principales postulados de nuestra fe: La encarnación del Hijo de Dios en la historia. Es por ello, que el evangelio nos hace preguntas como hombres y mujeres que nos hemos consagrado a Dios y testimoniamos su amor incondicional en nuestros apostolados como en la vida comunitaria, pero ¿Qué quiere decir este gesto de Jesús de ser presentado en el Templo? ¿Quiénes se presentan hoy? ¿Cómo son los rostros de quienes anuncian que la salvación ha llegado?

Ante estas preguntas no pretendo dar una receta sino más bien compartir ciertas intuiciones que el evangelio me suscita. El gesto de Jesús es otra muestra del compromiso con la humanidad, el Hijo de Dios hecho hombre se ha solidarizado con nuestra vida; la presentación es una muestra de que ha nacido como un hijo de su época y vive la vida de los israelitas.

El encuentro de los pobres que esperan la liberación y la salvación manifiesta la presencia del Reino, es la luz que viene a iluminar toda oscuridad, a sanar toda dolencia es la salvación que trae justicia y dignidad para todo hombre y mujer. Me pregunto como discípula ¿reconozco en la voz de los pobres la salvación?, ¿puedo mirarlos a los ojos y dejarme interpelar? Estas preguntas cuestionan mi compromiso real con el presente que tanto ama el Padre; me gustaría que podamos reflexionar estas preguntas desde nuestros carismas, pero especialmente desde nuestra consagración bautismal, tenemos el desafío de abrir los ojos para reconocer la humanidad de los pobres y excluidos, de mirarlos a los ojos y reconocerlos hermanos y hermanas nuestras.

Hoy vemos que los jóvenes y las personas de nuestro país se han presentado en las calles siendo una voz profética, exigiendo la liberación de las estructuras sociales injustas, de un sistema económico perverso; aquellos que esperan Vida abundante donde todos tengas las mismas posibilidades.

Tenemos una llamada imperante, no somos unicamente nosotros religiosos y religiosas las que anunciamos palabras de salvación, reconozcamos la presentación de los pobres, vayamos a esos lugares donde están gritando y exigiendo la liberación y salvación, y hagámonos parte de sus demandas y deseos como lo hace Jesús de Nazaret con su encarnación, porque lo que el Señor quiere de nosotros/as: 

Tan solo practiquemos el derecho,
Amar la bondad
Y caminar humildemente con tu Dios.
Miqueas 6,8

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