A más de una semana del paso del huracán Dorian por la Gran Brahamas y la Isla Ábaco, miles de personas esperan aún ser evacuadas. Otras tantas, en medio del caos y del dolor desgarrante, despiden a sus seres queridos, muchos aún sin reconocerlos o encontrarlos.

La Vida Consagrada de Latinoamérica y el Caribe levanta su voz una vez más para decir: ¡Dejémonos afectar! ¡Que este paisaje devastador ‘no’ se nos haga natural! Seamos portadoras/es de una creciente sensibilidad frente al ambiente y al cuidado de la naturaleza, haciendo crecer una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestra Hermana Madre Tierra y por quienes la habitan.

Por ello, nos hacemos solidarias/os con nuestra cercanía afectiva y efectiva hacia nuestras hermanas y hermanos damnificadas/os, clamando por gestos concretos que colaboren desde nuestras posibilidades a experimentarnos parte de un mismo cuerpo. Así nos lo recuerda San Pablo: “Si un miembro del cuerpo sufre, todos los demás sufren también; y si un miembro recibe atención especial, todos los demás comparten su alegría” (1 Cor 12, 26).
Imploramos al Dios de la vida que los Gobiernos de los pueblos, se sensibilicen ante la actual situación, ya que “la grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo” (LS 178)

Unidos muy especialmente a la Conferencia de Religiosas y Religiosos de las Antillas, las/os acompañamos con nuestra fraterna y sorosal cercanía. Sea María de Caná, quien renueve la esperanza de un vino nuevo, que agotado en este momento de dolor, llegue con renovado sabor a la vida de quienes forman parte de las Bahamas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *