martes , 27 febrero 2024

Mensaje de CONFERRE a los 50 años del Golpe Cívico Militar: Memoria y Diálogo

La memoria no solo se construye desde el pasado, sino que también desde el futuro, proceso donde recordamos y valoramos nuestra historia común, de lo que somos, pero en función de un sueño que anhelamos, todos los y las religiosas para Chile.

Así, encaminados a vivir la conmemoración de los 50 años del golpe militar y las consecuencias que de ello se derivaron, nos hacemos parte de este tiempo con sus reflexiones y aportes que, estamos ciertos, enriquecen la mirada y orientan el camino en la búsqueda de verdad que nos une, generando la reconciliación y reencuentro fraterno que tanto anhelamos y buscamos.  

Como religiosas y religiosos, hemos hecho camino junto a nuestro pueblo; no hemos estado ajenos a los quiebres institucionales, ni mucho menos a los horrores que nos han roto el alma, especialmente la pérdida de la vida de hermanas y hermanos nuestros que por pensar o actuar distinto corrieron tal suerte. Con un sentido de profundo deber humano y cristiano, propio de nuestro ser consagrados, hemos acompañado la vida, en el dolor y en la esperanza de nuestro pueblo en estos 50 años, en donde, como Jesús, experimentamos también la marginación, la negación y la muerte.

En esa perspectiva es hora de reflexionar entre todos y con fuerza, el futuro que queremos construir haciendo primero un reconocimiento a la labor de muchas hermanas y hermanos que dieron un profético testimonio de denuncia que hoy nos inspira, enorgullece y alienta a seguir viviendo el anhelo de Jesús: que todos sean uno en el amor. Por eso hacemos memoria agradecida de sus compromisos y fidelidades, de sus desvelos, entregas infatigables y valientes posturas para ser la voz de los sin voz y sostén de los más débiles. En palabras de hoy, agradecemos a los santos religiosos de la puerta del lado, aquellos que dieron la vida por el pobre, el marginado, el torturado y el dolorido; samaritanos del sufriente, cirineos del crucificado y verónicas del que lloró y sigue llorando.

Hoy, nuestro país no ha logrado una reconciliación que nos permita dialogar con respeto y perspectiva de futuro. Por un lado, vemos que el sufrimiento sigue presente en algunos que siguen sin conocer el paradero de sus seres queridos, anhelando la verdad y la justicia, y también con dolor se ve el extremo de negar o buscar justificar hechos que nos han quebrado y dividido. Es ciertamente un panorama que nos exige seguir trabajando para buscar la paz y verdad que han de encontrarse, nunca desde la violencia o cancelación del hermano, sino desde el reconocimiento consciente que somos y estamos llamados a ser uno en Cristo.

Al conmemorar los 50 años de hechos que nos duelen, desde nuestro ser consagrados, invitamos de verdad al diálogo y reflexión para ser hermanos y hermanas en nuestro común territorio construyendo juntos la amistad social a que nos convoca el Papa Francisco en la Carta Encíclica  Fratelli Tutti.

Reflexionar y dialogar no es asunto del pasado,  es un desafío de futuro. Por eso a los partidos políticos, dirigentes sociales y políticos, actores del Estado y ciudadanía en general, que asumen sus tareas por vocación y convicción, y no por intereses personales y corruptos, les pedimos con humildad:

Mirémonos a los ojos, reconozcamos la necesidad del que está enfrente y el protagonismo necesario de su ser para vivir un mejor futuro de país. Sin violencia ni cancelación asumamos nuestras cuotas de responsabilidad, sentémonos a conversar, y acordemos lo necesario para mejorar la vida de nuestro pueblo que en los más ancianos grita mejores condiciones de vida, de los que no tienen una posibilidad de ser atendidos en su salud con dignidad y respeto,  a buscar un mejor panorama formativo para nuestros niños, adolescentes y jóvenes, a buscar la vida y su defensa en todas sus etapas y expresiones; a construir nuestra comunidad humana con todos.

Llamados a hacer vida la canción que dice y veras como quieren en Chile al amigo cuando es forastero… no podemos cerrar los ojos a una  migración forzada que, por falta de oportunidades, también atenta contra la dignidad humana, de ahí nace la importancia de acercarnos a la dura realidad que viven «para servirlos», saliendo al encuentro de sus sufrimientos y necesidades, sin caer en los miedos y prejuicios, como nos recuerda el Papa Francisco: «tantos prejuicios que nos hacen mantener las distancias con otras personas y a menudo nos impiden acercarnos como prójimos y servirles con Amor”.

Al hacer hoy memoria agradecida, de los profetas del ayer y de los movimientos sociales que siguieron el ejemplo del Buen Samaritano; renovamos nuestro compromiso de ser hoy, desde nuestra propia realidad, samaritanos del herido al borde del camino, a caminar juntos para construir un mejor futuro en paz, que sea fruto de la justicia y de la voluntad de alcanzar un bien común que incluye no sólo el cuidado de nuestra casa común sino el de todos quienes viven en ella.

 Al Señor de la Vida y de la Historia, infinitamente grande en su misericordia, confiamos este anhelo de fraternidad.

Directiva de la Conferencia de Superiores y
Superioras Mayores de la Vida Religiosa en Chile
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