“En la mesa de nuestra vida, hay espacio para todas y todos…”
Reflexión del evangelio según san Lucas (14, 1. 7-14)
Hna. Rossina Jopia Muñoz
Misionera Dominica del Rosario
El Evangelio de este día, nos sitúa en el contexto de una invitación a cenar en la casa de un fariseo notable, en esta actividad social, Jesús haciendo uso de su agudeza visual se da cuenta de un comportamiento peculiar de los invitados, éstos buscaban ocupar los primeros lugares, a raíz de este actuar, les relata y nos relata la parábola de un banquete… Traemos a la memoria que a los fariseos les gustaba ocupar los primeros lugares, para ser vistos por los demás, vanagloriarse, elevarse, sintiéndose de una categoría superior al resto del pueblo de Dios… y en nuestra realidad podemos preguntarnos: ¿A quién no le agrada escoger los “mejores puestos”? o ¿en qué momento hemos tenido esa tendencia a desear ocupar esos puestos privilegiados en la mesa del anfitrión…?
Desde esta invitación y significancia el evangelio, nos invita a hacernos consciente de qué modo nos estamos cultivando en el camino de la humildad, la cual nos conduce a despojarnos de actitudes egocéntricas, mostrando caparazones de la apariencia y de egoísmos, para dar cabida a la gratitud, sencillez y de un profundo agradecimiento, por las oportunidades que el Señor Jesús nos presenta en la cotidianidad, pues todos los días estamos convocados a disfrutar del banquete de la vida, y de invitar a otros a sentarse en nuestras mesas, de un modo especial a aquellos que son los incontables, los invisibilizados, los neurodivergentes, los disidentes, para nuestro sistema institucional, eclesial y social, acogiendo la propuesta que Jesús le hace a su anfitrión de no invitar a quienes son de nuestro agrado, aquellos que son afines a nuestras ideas o modos de concebir la realidad…, por eso le dice y nos interpela a cada uno de nosotros, si estamos compartiendo la vida con los más indigentes, los mancos, los cojos y los ciegos, pues ellas y ellos son los bienaventurados y el sentido que tiene el sueño de Dios, el Proyecto del Reino.
La humildad es ponerse en camino tras las huellas de Jesús, moviéndonos desde la prudencia, sensatez, para no desviarnos con la sutileza de los favoritismos, privilegios, exclusividades, sino que trascender en las proximidades con las y los otros, de sabernos cuidar, es entrar en la dinámica de la comunión en medio de las pluralidades de pensares y sentires, acogiendo ese Pan partido y repartido con semillas de humanidad. Y como muy bien expresaba Santa Teresa: “humildad es andar en verdad”, simplemente es vivirnos desde lo que somos y tenemos, y hacia dónde queremos seguir cimentándonos, junto a las y los otros, desde esta mesa que destella diversidad, discrepancias y que de este banquete emanan los olores a Evangelio, verdad, justicia y dignidad. Que en nuestras mesas, siempre estén presente las y los buscadores del banquete de la vida.