Hermana Sandra Flores Vilches, ctsj
Carmelitas Teresas de San José

Seguramente Jesús en su diálogo permanente con el Padre, descubre que su fin entre los suyos está cerca, y lejos de amedrentarse, con valentía y plena libertad enfrenta su destino. Jesús no huye del conflicto ni del dolor o sufrimiento, por el contrario, lo enfrenta porque está convencido que el mensaje que ha anunciado y los signos que ha realizado, son los queridos por su Padre amado. Jesús, nos cuestiona e interpela diciéndonos: ¿sabes por qué luchas?, por qué te cansas? ¿Por qué gastas tus energías? O más directamente, ¿Quién te mueve?, ¿Quién te inspira?, ¿Dónde está tu corazón? Donde está el corazón hay libertad, hay decisión, hay responsabilidad, hay compromiso, hay certezas, hay amor ¿Cuáles son nuestras certezas? ¿Por qué personas o causas daríamos la vida?

No recibieron a Jesús porque se dirigía a Jerusalén ¡cuántas veces nuestras creencias, prejuicios, … nos alejan del hermano/a y son causas de fracturas o de rupturas en nuestras relaciones comunitarias y obstáculos para acoger al Señor! Muchas veces preferimos quedarnos instalados en nuestros propios esquemas o estructuras mentales, antes de ceder o dar la razón a mi hermano/a sabiendo que estamos optando por quedarnos pequeñitos espiritualmente. Negarse a recibir al hermano/a es negarse a recibir al mismo Jesús en nuestra vida ¿Cómo están nuestras relaciones con los hermanos/as de comunidad? ¿Qué criterios prevalecen en nuestras relaciones comunitarias los del Evangelio o los míos?

A continuación en el Evangelio se nos presentan dos respuestas sin llamada y una llamada sin respuesta. Todo seguimiento a Jesús tiene que partir de un encuentro con Él, de una experiencia de amor que toma por entero a la persona a tal punto, que todo se relativiza o la jerarquía de motivaciones cambia radicalmente, centrándose y absolutizándose en la persona de Jesucristo y en su misión. Después de unos años de consagración: un año, cinco, diez, veinticinco, treinta, cincuenta,… años ¿sigue siendo Jesús nuestro centro?, ¿seguimos dispuesto/as a dejarlo todo por seguirlo a donde quiera que vaya? O con el pasar del tiempo, ¿nos hemos vuelto como uno/a de estas personas que le ponen excusas a Jesús?, ¿cómo está nuestra libertad, pobreza y amor? 

Que nada ni nadie nos quite del camino que un día emprendimos con tanta pasión e ilusión. Que nuestros cuerpos cansados y/o envejecidos o enfermos no sean obstáculos para que nuestro corazón  siga diciéndole a Jesús: te seguiré a donde quieras que vayas. Señor fortalece nuestra libertad, pobreza y amor para seguirte.

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