el viento

La resurrección de Lázaro

Hna. Sara Romero
Misioneras Redentoristas

El evangelio del quinto domingo de cuaresma nos relata un acontecimiento que supera toda lógica humana; Jesús resucita a  Lázaro que llevaba cuatro días muerto,  los unía una profunda amistad y amor al punto que Jesús llora su muerte y a la vez lo resucita para mostrar la Gloria de Dios.

El relato está cargado de diálogos densos y emociones profundas que el autor hace notar, especialmente en la persona de Jesús, además, de los otros personajes y sus diversas reacciones y palabras frente a este acontecimiento que implica perdida y dolor.

Hoy, la humanidad sufre el flagelo  de una pandemia que la ha llevado a experimentar a nivel global la fragilidad, la impotencia, la vulnerabilidad, cada día nos enteramos de cifras que nos indican el número de contagiados, de muertos, sabiendo que la población en peligro son  las personas frágiles: familiares, hermanas y hermanos de comunidad, amigas, amigos y quizás nosotros mismos, surgen de nuestro interior la angustia, el miedo y la tristeza.

Cuando Jesús llega con sus discípulos a Judea, Marta le sale al encuentro y le dice: “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”, Marta le reclama y encara a Jesús su ausencia en  momentos de dolor, sufrimiento e incertidumbre, necesitaba a su lado al Maestro para que su hermano no muriera, para no tener que pasar por esa experiencia limite, para no enfrentar la realidad de la muerte, también nosotros necesitamos hoy la presencia del Maestro; necesitamos su compañía, consuelo, cercanía ; lo necesitamos para enfrentar estos tiempos nunca antes vividos.  Pero Marta al mismo instante que le echa en cara a Jesús su ausencia da un salto en fe y, lo reconoce como intercesor ante Dios-Padre, esta certeza firme de Marta hace que Jesús de nueva vida a su hermano. Hoy, también podemos descubrir la vida nueva que Dios va haciendo crecer y germinar en medio de la enfermedad y la muerte; por los distintos medios de comunicación nos enteramos de testimonios reales de personas que han recuperado su fe; personas que han dado su vida por salvar a otras; de grupos que se unen a través de las redes para orar; de aportes económicos y donaciones; de personal de salud que incansablemente atienden a los enfermos y muchos  y tantos gestos más que muestran la bondad y grandeza del corazón humano.

Jesús le dice: “¿No te he dicho que si creer verás la gloria de Dios?”.

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