“SEÑOR ENSÉÑANOS A ORAR”

Hna. María Elena Navarro
Hermanas del Prado

Vivimos en un mundo que deja poco espacio al silencio, a la interioridad. Hoy cuesta mucho encontrar el silencio y hacer silencio, porque  vivimos conectados y nos hemos acostumbrado al ruido. En el Evangelio de este domingo vemos a Jesús que busca el silencio, que se retira a un lugar apartado para orar y entrar en relación con su Padre.  Esa manera de orar y de estar con su Padre,  es la que llama la atención de sus discípulos y despierta la inquietud que los lleva a pedir a Jesús: “Señor, enséñanos a orar”, en esta petición, los discípulos quieren que Jesús les señale el camino para vivir una nueva  relación con Dios.

Padre, es la primera palabra con la que Jesús abre su oración con la intimidad y la  confianza  de Hijo, que sabe que su Padre solo da cosas buenas a los  que oran con una fe confiada.

Jesús parte de este deseo de sus discípulos de aprender una nueva forma de orar, de entrar en su propia manera de relacionarse con Dios y los introduce en la oración del Padre Nuestro. A través del Padre Nuestro Jesús busca alimentar la vida de la  comunidad de los discípulos y a la vez los hace participar de su propia oración de súplica confiada al Padre que escucha los anhelos de su corazón, que  su nombre sea Santificado y que Venga su Reino y sus peticiones por las necesidades del ser humano, que en ninguna mesa falte el pan, que su misericordia nos envuelva en el perdón y que nos sostenga en la prueba para no caer en las trampas del  mal. 

Es en esta certeza de que Dios siempre escucha nuestras oraciones, que Jesús invita a los discípulos de todos los tiempos a  perseverar en la oración, a ser insistentes en sus plegarias, a confiar en la escucha del Padre Bueno, que quiere lo mejor para sus hijos y que no es sordo a las súplicas de quienes con insistencia claman a Él día y noche, como el amigo que llama a la puerta pidiendo panes para acoger a sus visitas o como el padre que sabe dar cosas buenas a sus hijos.

Pidamos al Señor entrar en esta experiencia de oración que nos pone en una actitud confiada delante de Dios, no como niños caprichosos que buscan su propia complacencia sino como hijos que saben que el Padre conoce lo que necesitamos y nos lo dará en abundancia, es lo que él nos ha prometido.

“¡Cuánto más el Padre del Cielo dará Espíritu Santo a los que se lo pidan!”

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