El Viento (2)

Hna. Verónica Santillán, ecj

Evangelio según San Lucas 16, 19-31

Al encontrarnos con el texto del evangelio del pobre Lázaro y el rico , nos da la posibilidad de una multiplicidad de reflexiones, una podría ser  pensar en nuestra vida consagrada desde la vivencia en particular del voto de pobreza , de tal modo que nos ayude a sentir esta palabra  de Dios como un llamado a revisar esta vivencia, no solo desde la órbita del “tener o poseer en relación a los bienes materiales ”, sino desde la perspectiva del sentido ,que nos hace entrar en la relación que el evangelio nos ofrece con los personajes : el rico, el pobre y Abraham.

El texto nos ubica según mi perspectiva en dos momentos y lugares, el primero se da al inicio donde se relata cómo era la vida de cada uno de ellos (podríamos decir una realidad que sigue siendo actual desde aquellos tiempos de Jesús ): Un hombre rico al que no le faltaba ni vestido, ni comida, aparentemente no le faltaba nada… pero si le faltaba lo más importante la capacidad de ver a los demás , a aquellos que no eran como el, de ver a los que necesitaban de él, de ver aquellos que a veces hacen incomoda la vida y se atraviesan por los caminos. Muy cerquita de él , detrás de la puerta de su casa: un pobre cubierto de heridas ,un pobre hambriento no solo de pan , sino también de atención, de cuidados  porque estaba enfermo y no tenía a nadie, solo los perros que se acercaban a él. A simple vista podríamos decir realidades tan distantes y paradójicamente tan cercanas, con tantas posibilidades de unirse de ayudarse, de dignificarse mutuamente.

El segundo momento los diálogos que ocurren después de la muerte, donde el evangelista hace la diferencia entre lo que a cada uno le toca vivir ahora. Un detalle no menor sucede cuando el rico levantando los ojos“   ve lo que sucede con Abraham y el Pobre quien es acogido como hijo en el seno de su padre (imagen que nos remite al abrazo del Padre Misericordioso) se da cuenta de su realidad, es allí cuando el rico puede implorar misericordia quizás similar a los sonidos de palabras que escuchaba de Lázaro. Pero en este lugar la separación es más grande entre uno y otro… un abismo y la suerte ha cambiado, por más que el rico pida ayuda  ya no para sí, sino para los cinco hermanos de modo que estos sean advertidos mediante el testimonio de un resucitado la respuesta de Abraham es clara: si no escucharon a Moisés y los profetas… tampoco a un resucitado!

 A cada uno de nosotros El Resucitado nos ha hablado, la Palabra nos habla cada día  y nos dice  que es hora de levantar la mirada : cerca nuestro hay muchos Lazaros que están sufriendo y nosotros estamos llamados a reconocerlos y estos Lazaros, están no a veces a fuera de nuestras casas sino también dentro de nuestras comunidades, hay Lazaros, por todas partes , los habrá siempre, que día a día nos llamen a nuestra puerta.

 De allí la invitación del evangelio a recuperar nuestra actitud contemplativa en la escucha de la Palabra de quien nos llamó, abramos nuestros ojos , para poder reconocer a cada Lázaro que nos invita a vivir en la esperanza que las promesas de Dios se cumplen a su debido tiempo.

Seamos hoy constructores del Reino abriendo los ojos propios y los de este mundo que a veces se enceguece o solo se queda  en análisis de encuestas donde todos opinamos a cerca de la pobreza de nuestro pueblo buscando las causas como si solo esto fuera la única solución, nosotros y nosotras estamos llamados a dar un paso más , a visibilizar a cada uno de los Lazaros que a diferencia de ti y de mí que hemos optado por vivir el consejo evangélico de la pobreza como voto,  les toca en la realidad vivirlo( padecerlo en otros casos) porque la injusticia social es grande y muchas veces no tuvieron oportunidades o la distribución no fue equitativa. El resucitado está presente y nos alienta a vivir la misericordia con todos los  Lazaros, con los de ayer que se cruzaron en nuestras vidas y con los de hoy que esperan de nosotros el gesto, la palabra, la oración.

También vivamos el compromiso de orar por los ricos de hoy (sabiendo que por nuestras fragilidades en nosotros habitan ambos, todos tenemos un poco de Lázaro un poco del rico) para que ninguna mirada deje de ver  y asumir el compromiso por un Chile más fraterno, más solidario. Que María del Carmen, la Madre de Chile, en este domingo de oración por la patria nos anime en la esperanza.

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