Hna. María Salomé Labra M, ssps
Misioneras Siervas del Espíritu Santo

Dentro del contexto eclesial que vivimos, donde semanalmente como Iglesia, estamos en la prensa por los abusos sexuales a menores, que se han producido dentro de nuestra comunidad cristiana católica. La pregunta que, según el evangelio de Lucas, uno plantea a Jesús cuando va camino a Jerusalén, “Señor, ¿serán pocos los que se salven?” resuena también en mi/nuestro corazón desde otra perspectiva, ¿quién se salvará de ser acusado?. Expresión del desencanto, del dolor, desaliento, cansancio, estupor que nos provocan estas noticias inesperadas entre nosotros/as. Al mismo tiempo, me conecta con nuestra humanidad herida y vulnerable que necesita ser reconocida, sanada y liberada. Un momento histórico, que nos brinda la oportunidad de “nacer de nuevo”, de revestirnos de sus opciones y modos de ser.

Y la respuesta de Jesús, “esforzaos por entrar por la puerta estrecha”, me pone en contexto nuevamente. Seguirlo a Él, significa acoger sus profundas exigencias del amor a Dios y al prójimo como a sí mismo. Y ello tiene sus repercusiones prácticas en nuestro actuar cotidiano. En medio de nuestra sociedad en que prima el consumismo y donde las cosas y las ganancias están por sobre la vida de las personas y el cuidado del medio ambiente; donde la competencia se transforma en agresividad y anulación del otro/a; donde el éxito se queda en lo superfluo y pierde de vista el sentido de la vida y la profundidad que cada persona tiene dentro de sí; donde en nombre de la tolerancia vamos perdiendo valores y optamos por lo fácil y cómodo…  Es en ésta realidad, que la invitación a esforzarse por “entrar por la puerta estrecha” resuenaen mi nuevamente, como un llamado a vivir mi consagración como un compromiso exigente y responsable. Una invitación a estar despiertos/as a los riesgos que nuestras decisiones, comportamientos, acciones encierran cuando dejamos de focalizarnos en Jesús, en lo esencial, en la solidaridad y corremos tras lo fácil, agradable y placentero, esclavos de un bienestar que nunca se sacia.

Asumir que, vivir en coherencia nuestro compromiso, cualquiera que este sea, conlleva un donarse respetando límites, implica reconocimiento de los otros y al mismo tiempo, responsabilidad y cuidado con los vínculos que generamos; conlleva discernir y estar dispuestos a entrar en los conflictos que involucran la seriedad de nuestras opciones de vida y amor por Dios, el Otro/a y el medio ambiente; apostar por la vida en situaciones límites manteniendo la esperanza contra toda esperanza porque Él es el camino y la Puerta…

El dolor e indignación que despierta el pecado y el delito en nuestros corazones, nos permita mirarnos con humildad, reconocer que necesitamos dejar para poder entrar por la puerta estrecha, dejándonos invadir por la mirada compasiva y misericordiosa de Dios, que nos regala nuevas oportunidades para seguir optando por construirnos como seres humanos dignos hijos de Dios velando por cada uno/a de aquellos que nos rodean. ¿Estamos dispuestos/as a ser últimos, a aprender a entrar por la puerta estrecha?.

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