el viento

¿TÚ QUIÉN DICES QUE SOY YO?

Hna. Leticia Cortés, bp
Hnas. del Buen Pastor.

¡Qué pregunta! Fundamental, decisiva. Así la he sentido al leer, rumiar este texto de Mt. 16, 13-20, asumiendo esta pregunta como dirigida a mí. Me he sentido interpelada desde mis raíces, me ha permitido recorrer mi camino con Él, mi seguimiento a Él. Porque no es solamente asunto de creer, sino también a quien sigo.

Considerando que mi respuesta doctrinal sería la misma de Pedro y que no es suficiente, surgen otras que dicen relación con mi itinerario de seguimiento a Jesús: ¿A qué Jesús sigo? ¿Es Jesús la persona que guía, orienta, ilumina mis pasos, mis acciones, mis actitudes, mis relaciones?

¿Por qué Jesús hizo esta pregunta o más bien me hace esta pregunta? Siento que lo que Él está intentando es que me mire desde mi opción por El y las consecuencias que esta fe en El supone. Desde mi ser de hermana de la congregación del Buen Pastor, me he dado cuenta que Jesús va derribando todos los límites donde yo lo he querido o quiero encasillar proyectando en Él mis limitaciones, intereses, proyectos, aspiraciones. En fin de cuentas y, con sinceridad, hacer un Jesús a mi manera.

Un día sentí su llamado y le dije, “sí Señor aquí estoy hasta las últimas consecuencias, más, ¿hoy qué puedo contestarle? ¿Este largo recorrido lo he hecho con Él? La respuesta parecería evidente, pero en verdad no ha sido tan así.

Por herencia congregacional mi opción es seguir a Jesús Buen Pastor, el que va tras la oveja perdida dejando las 99; el que dijo “yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” (Jn. 10,19). Él es nuestra fuente inspiradora, lo cual implica y me reta a vivir a su estilo y ello ha significado ir dejando otras imágenes que tenía de Él, salir de mis zonas de confort, hasta ir comprendiendo que ser una buena pastora al estilo de Jesús implica despojo, osadía, riesgo, vivir amando hasta dar la vida. (Cf. Jn. 10, 11)

Con los años paulatinamente entre aciertos y desaciertos, desde mis buenas o desalentadoras, equivocadas experiencias, con mayor certeza he ido descubriendo que Jesús es mi Buen Pastor, el rostro compasivo del Padre en el que he encontrado comprensión en mis debilidades, que me ha buscado pacientemente y en esta experiencia de búsquedas y encuentros, consecuentemente se ha ido clarificando el llamado a hacerme epifanía y transparencia del Buen Pastor para quien:

  • Soy única y me ama con amor único. No soy un número en medio de una gran masa de gente, ¡no! Me llama por mi nombre; conoce mi historia, mis dificultades, mis carencias, mis sueños. Soy importante para Él. Me acepta, así como soy y eso ha significado ir dejando mis temores y bloqueos para crecer en confianza e introducirme en una relación cada vez más íntima y más profunda.
  • Soy sujeto de su infinita misericordia. Me siento amada y “misericordiada”. Mi historia de relación con Él está preñada de comprensión, compasión, de ternura de “Madre”. Mi debilidad, mi pecado lo mueve a compasión, se conmueven sus entrañas y cuántas veces me he sentido abrazada por su infinita misericordia.

Sí, puedo responderte Jesús que tú eres y te siento mi Buen Pastor y que desde esta experiencia, que ha ido transformando y sigue transformando mi vida, reconciliándome conmigo, con mi entorno, me siento llamada e inclinada fuertemente a ser presencia tuya, a  mirar la vida con tus ojos, ser una buena pastora, allí donde la persona humana, su dignidad y sus derechos son pisoteados; allí donde la soledad muerde, la desesperanza derriba; donde el amor está ausente y las/os que tú amas viven en condiciones deshumanizantes, como “sobrantes”.

SI, eres Buen Pastor…
Porque me conoces,
porque me defiendes,
porque me curas y acaricias,
porque me perdonas, porque me aguantas y sufres,
porque arriesgas tu vida por mí,
porque me salvas y te haces mi alimento.

Eres un gran pastor…
esperas y pastoreas desde dentro
y quieres ser pastor universal,
quieres que los siete mil millones de personas
que habitamos la tierra,
vivamos todas/os dentro de tu corazón.

Eres pastor humilde…
Eres pastor que conoces nuestros nombres…
el de cada niño o niña vendida o mutilada,
el de cada mujer engañada y prostituida,
el de cada inocente condenado,
el de cada hambriento o refugiado.
Sabes los días que no comen los pobres,
las noches que no duermen los enfermos,
las horas sin libertad del prisionero/a,
las llagas y el temblor del torturado.

Eres pastor que gozas y te entusiasmas…
con las ovejas limpias y transparentes,
con las que escuchan y guardan tus palabras,
con las que son alegres y amistosas,
con las humildes y las serviciales,
con las que comparten lo que tienen,
con las que son perseguidas por tu Nombre.

¡Buen Pastor!
También quiero ser tu pastora…
Pero me falta tu estilo, tus gestos, tus modales…
Dame, sobre todo, tu Amor pastoral,
ese Amor que distingue al buen pastor del que no lo es.
Tu bondad me acompaña, Tú vas conmigo,
tu bondad me acompaña, ¡bendito seas!