Evangelio Según San Marcos 8, 27-36

Hermana Teresa Figueroa Martínez, Carmelita Misionera.

La vida nos exige tomar decisiones que deben ser asumidas con todas sus consecuencias. Es lo que nos presenta el Evangelio de este domingo. La escena se da en la región de Cesárea de Filipo. Por el camino, Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?  Ellos responden rápidamente. Pero Jesús va más allá y les pregunta directamente y “¿ustedes quién dicen que soy? Ahí viene la respuesta de Pedro “Tú eres el Mesías”. Todo bien hasta ahí. Pero Jesús comienza a hablar de la cruz “el que quiera seguirme que tome su cruz” … Pedro comienza a reprenderlo, quiere disuadirlo de seguir otro camino, pero Jesús le responde enérgicamente “Apártate de mí Satanás”.

Hemos decidido seguir a Jesús y lo hemos hecho con ímpetu, con esa capacidad de ser soñadores, de que nada nos puede apartar de su seguimiento, hasta ahí todo bien y le decimos “Tú Señor eres el Mesías”… y seguimos al Maestro, anunciando el Reino de Dios, proclamando la justicia, una vida abundante para todos, consolando a los tristes, estando al lado de los más desposeídos….pero este seguimiento tiene sus consecuencias y Jesús nos lo dice: “Si alguno quiere seguirme que tome con su cruz y me siga..” No hay Vida sin la Pasión y no hay Resurrección sin la cruz.

Jesús nos invita a un cambio de mentalidad “quítate de mí, Satanás, tú piensas como los hombres no como Dios”. Porque podemos estar proclamando según nuestros propios pensamientos, nuestra propia voluntad y no lo que Dios nos pide. Quiere que hagamos una nueva opción, que volvamos a nuestro centro. Así como lo hizo con los discípulos “el que pierda su vida por causa de mí, la salvará”. No nos quedemos en la primera llamada, volvamos a Jesús e su Reino. No detengamos a Dios en base a nuestros miedos, a nuestras incapacidades de ver más allá. A nuestras estructuras de poder, de saber. A prácticas anquilosadas. A un amor rancio que no dinamiza, no libera. Dejemos libre a Dios…liberemos a Dios.

Sí… El seguimiento de Jesús no es fácil, tiene sus consecuencias: vigilancia permanente, cargar la cruz, vivir con coherencia entre lo que decimos y hacemos, que la justicia se haga grito a través de nuestro compromiso cotidiano, que la humanización sea una expresión del amor, que la alegría brote de un corazón lleno de esperanza.

Nos quedamos con la pregunta de Jesús en el hoy de nuestra historia de nuestra Iglesia… y tú ¿quién dices que soy yo?…

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