EL VIENTO SOPLA 2022EL VIENTO SOPLA DONDE QUIERE

Comentario Evangelio 15 de Mayo

Hermana Alejandra Cortez
Religiosas de María Inmaculada

Intento imaginar la profunda conmoción que habrá sentido Jesús en los últimos momentos de su vida, afligido por la inminencia del final… y ello me lleva a recordar gestos de personas amadas en momentos de dolor y vulnerabilidad, cuando perciben lo finito de la vida, y se dan cuenta que el contacto con los más cercanos invita a abrir el corazón a la expresión más transparente de lo que llevan dentro…Creo que esto es lo que vivía Jesús, y ese sentimiento se plasmó en la ternura con la que se dirige a sus amigos y discípulos: “hijitos míos”, y luego les ofrece lo más genuino que habita en su interior: El amor.

Es difícil entender, en tiempos complejos, esta llamada a amar que hace Jesús, no sé si tenemos claro, incluso nosotros, los discípulos y discípulas del Señor, lo que es amar, y aún más, amar con ese plus que implica asemejarse a su modo de amar.

Actualmente, vemos en las noticias una guerra que desgarra a una parte de Europa, y otras que hace décadas asolan el continente asiático, sin ir más lejos, nos enteramos cada día de los conflictos en el sur de nuestro país, y a veces nos da la sensación que son crisis tan enquistadas que no nos permiten si quiera vislumbrar una salida, sin embargo; Jesús nos da el mandamiento del amor, casi como una paradoja a la realidad que vivimos, pero es una paradoja o incluso una utopía que es capaz de llenar de vida el corazón humano, y eso es precisamente lo que a nosotros, como religiosos y religiosas nos ha cautivado: una voz diferente a las voces que pregonan división e injusticia, guerra y dolor; la voz de Jesús que nos llama “hijitos y también amigos”, interpelándonos a vivir desde el amor e identificarnos con su forma de amar.

¿Cómo amar en tiempos confusos y complejos, donde vemos y vivimos la división, no sólo en el contexto social sino también en nuestra Iglesia y comunidades? ¿Cómo hacer creíble nuestro amor de consagrados cuando sigue el flagelo del abuso habitando nuestros templos y espacios eclesiales? Ciertamente, nos enfrentamos a un desafío que nos obliga a poner la mirada en Jesús, desprendernos de todo aquello que ha ido ensombreciendo la claridad y belleza de su ejemplo, y tratar de revitalizar el seguimiento desde la coherencia con los votos pronunciados simplemente porque hubo un momento de nuestras vidas en que su amor nos sedujo y nos sentimos plenos en su plenitud.

Creo que si bien no hay duda de que son tiempos difíciles, también nos encontramos con una misión grande y hermosa de volver a lo esencial de nuestra fe intentando que el amor sea, en definitiva, el distintivo de nuestro discipulado. Tarea ardua pero llena de vida, como todas las invitaciones de nuestro maestro, esposo y amigo Jesús.