El Viento (2)

Y ustedes, la vida consagrada en Chile, ¿quién dicen que soy Yo? 

Hno. Joaquin BlancoHno. Joaquin Blanco, religioso Menesiano.
Religioso Menesiano

Evangelio Según San Marcos 8,27-35

El episodio ocupa un lugar central y decisivo en el relato de Marcos. Se inicia con la mención del “camino”, se utiliza por única vez la expresión “vete detrás de mí” y, efectivamente,  a partir de aquí, el evangelista irá desvelando quién es  Jesús, el Mesías, el Crucificado Resucitado.

También para nosotros, los consagrados, llamados a “vivir el mismo estilo de vida que Jesús eligió vivir en este mundo”,  el episodio es clave para explicar nuestra vida:

“¿A quién estamos siguiendo? ¿Qué es lo que descubrimos en Jesús? ¿Qué captamos de su vida, su mensaje, su proyecto? ¿Cómo hacer para ir detrás de Él?”.

“Nosotros, Señor, sabemos que Tú eres quien nos seduce y acompaña cada día. Tú eres para nosotros la única explicación de nuestra vida, de nuestro hacer, de nuestro vivir, de nuestro soñar y de nuestro llorar. Ninguna misión, ninguna actividad, ninguna obra, ningún proyecto tiene sentido para nosotros si Tú no estás en el origen, en el centro y en el objetivo final. Seducidos por Ti, decidimos vivir lo más parecido a cómo Tú viviste: Con un corazón indiviso y misericordioso donde caben todos y todas; con un estilo de vida sencillo y acogedor compartido con los últimos de este mundo y  con el único interés de estar donde Tú nos quieres para vivir lo que es tu voluntad.

También en nuestro  camino de discípulos misioneros consagrados  tus palabras de fracaso, persecución, muerte y  resurrección se nos hacen insoportables como a Pedro. No es fácil  asumir la cruz hecha minoridad,  irrelevancia, disminución, pecado personal e institucional, escasez, rutina, incertidumbre, vejez…

También nosotros queremos que nuestro proyecto de vida consagrada, de Iglesia, de Congregación, de País, de futuro sea “atractivo”, “encantador”,  “irresistible”, “reconocido”, “significativo”, “importante”, “numeroso”…¡Nada más lejos de Tu cruz!

Por eso, hoy, Señor, de nuevo y movidos por tu Palabra, confiados en tu amor y gracia:

  • Confesamos nuestra fe sólo en Ti, ¡Jesucristo crucificado!
  • Elegimos renunciar a nuestros gustos y proyectos para “pensar como Tú y no como los hombres”.
  • Decidimos acoger nuestra cruz misteriosa pero real,  como don y llamadas tuyos.
  • Confirmamos nuestra opción de seguir tus pasos, tus enseñanzas, tu evangelio.
  • Apostamos por tu  proyecto de Reino donde todos somos hermanos.
  • Colocamos a cada uno de nuestros hermanos y hermanas  en el centro de nuestro hacer y ser.
  • Salimos  a buscar a los últimos en las periferias existenciales  donde Tú ya has llegado antes.
  • Estamos dispuestos a experimentar caídas, errores y heridas  para llegar donde sólo Tú nos esperas.
  • Volvemos nuestro corazón y nuestros pasos hacia quienes son tu rostro:Los pobres y excluidos.
  • Proclamamos con voces humildes pero seguras Quién nos enamora y sostiene.
  • Esperamos el don de tu alegría, señal de un corazón enamorado por Ti.
  • Nos hacemos presentes en la sociedad sin otro distintivo que la ternura y la misericordia.
  • Esperamos la vida nueva que Tú nos regalas “a su tiempo”.
  • Asumimos la actual situación de pequeñez y disminución como gracia y regalo.”

De acuerdo con el evangelio de Marcos, los consagrados hemos conocido por don y gracia que el seguimiento de Jesús nos construye plenamente como personas.  Viviendo lo más parecido a como Él vivió en este mundo somos signos frágiles de la  nueva humanidad donde el amor supera  los lazos naturales de familia, raza, nación o grupo. Compartir lo que somos y tenemos  nos hace hermanos de los empobrecidos y excluidos. Buscar hacer la voluntad de Dios  es la plenitud de la vida.

Al escuchar hoy la Palabra, estamos invitados a volver al fundamento primero y único de nuestra vocación: Jesús, el Cristo, el Crucificado Resucitado.  Solo siguiéndole de cerca aprendemos  a tomar nuestra  cruz y  nuestra vida consagrada se llenará de fiesta  y paz.

 PARA ORAR

¿A qué tenemos que renunciar, Señor,  en concreto – como consagrados, como comunidad, como Congregación, como vida religiosa  en Chile …- y poder así ganar  la vida ?

¿A qué me llamas –y nos llamas como vida consagrada –  para “dejar de pensar y actuar como los hombres”  y “tomar nuestra cruz y seguirte”  hasta el final?


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