jueves , 29 febrero 2024
el viento

Comentario Evangelio 11 de Febrero

Hermana Teresa Figueroa Martínez Carmelita Misionera

El evangelio de este domingo se centra en un diálogo: Jesús y el leproso. Una súplica de curación y la acción de Jesús que se inclina hacia él, lo toca y queda limpio.

Este evangelio lo hemos reflexionado muchas veces, en encuentros, retiros, jornadas, y muchas veces nos hemos preguntado  ¿cuáles son los leprosos de  estos tiempos? 

El leproso no participaba de la sociedad, las normas establecidas lo declaraban impuro.  Una persona sin sentido de pertenencia, de identidad, pero… Jesús se acerca, establece diálogo con él y le pregunta ¿qué quieres?  Ya en  este primer encuentro se producen actitudes de compasión: Jesús se acerca, habla con él y escucha la súplica del leproso: Señor que quede limpio. La actitud y acción de Jesús provoca en el leproso el redescubrimiento de su identidad, dignidad, de su libertad. Esta libertad que le permite proclamar a todos la salvación de Jesús en su persona.

Hoy en día son muchas las personas, situaciones, acontecimientos que gritan ¿Señor ten piedad de nosotros?

Jesús nos invita hoy muy especialmente a encontrarnos con ÉL, a dejarnos tocar y restablecer nuestra propia dignidad, libertad. Nos invita a caminar hacia los demás con actitudes y acciones de compasión, de diálogo, de encuentro.

Encuentro principalmente al interior de nuestras comunidades, cuántos religiosos, religiosas caminan sin sentido, sin alegría, han perdido el sentido de pertenencia de identidad carismática. ¿Cuál es mi contribución, compromiso, actitud de escucha, de diálogo, frente a estas situaciones?  ¿Cuál es la lepra que carcome nuestra disponibilidad, nuestra actitud de siempre en salida, de reconocer en nuestra vida la presencia de Jesús que me invita a una conversión constante? 

En el encuentro profundo con Jesús, el leproso experimenta la transformación y así se convierte en testigo, da testimonio con su vida y palabra de Jesús Salvador y liberador. 

¿Lo hacemos al interior de nuestras comunidades, en las relaciones…?

Y me pregunto ¿cuáles son las lepras que me aíslan de la comunidad? ¿Las que no me permiten vivir la fraternidad, la comunión, la alegría, la entrega, el abandono? En mis relaciones con los demás ¿antepongo las normas o actúo con compasión?

Reconocer las lepras personales, es un gran paso para re significar la vida en estos tiempos.

Pido a Dios que abra mi mente, mi corazón, mis sentidos para dar nombres de forma sincera y transparente a las lepras que carcomen mi vida. Amén.

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