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Comentario Evangelio 09 de Junio

UNA FAMILIA O UNA IGLESIA UNIDA PUEDE SUBSISTIR

                                                                                      Por: Hna. Miriam Muñoz Marín,

Religiosa Filipense

En el inicio del  Evangelio de Marcos 3, 20 -25, Jesús se presenta como aquel que vive de manera profunda su misión, si tenía que predicar todo el día, lo hacía, aunque esto implicara quedarse sin comer, aunque no durmiera, aunque apenas tuviera tiempo para descansar. Es la figura de una persona apasionada por llevar el Evangelio a todas partes y a todas las personas que encuentra en su camino.  Su temple lo hace ver como a un loco, porque rompe los esquemas y reta a sus interlocutores sin paralizarse ante la incomodidad ni el rechazo. Esta manera de vivir entusiasmado y convencido de lo que anuncia lo convierte en una figura popular y poderosa que disgustaba a muchos, como a los líderes religiosos y su propia familia. 

Otra enseñanza que va unida a la anterior es  sobre la unidad y la división. A través de su respuesta, nos ofrece lecciones clave para nuestra vida personal y comunitaria. Jesús nos enseña que el bien siempre vence al mal, y que debemos mantenernos firmes en nuestra fe y en nuestras convicciones, incluso cuando enfrentamos oposición.  Jesús nos muestra que la división nunca es buena y además, recuerda que «todo reino dividido contra sí mismo no puede mantenerse en pie». Esta afirmación es universal y se aplica a todos los aspectos de nuestra vida: nuestras familias, comunidades, Iglesia y naciones. Las divisiones internas son destructivas, nos debilitan, impidiendo el crecimiento y la estabilidad, hace que todo lo que emprendemos se vuelva contra nosotros y no permite enfocarnos en nuestros propósitos.

En nuestras vidas, encontramos diversos tipos de divisiones: conflictos familiares, disputas en el lugar de trabajo, desacuerdos dentro de la iglesia,  divisiones políticas y así podemos continuar con  la lista. Como sabemos estas divisiones crean un ambiente de desconfianza y desunión, haciendo imposible que florezcamos como individuos y como sociedad.

Una familia o una iglesia dividida no puede subsistir. Las luchas internas de hoy, sean en el ámbito personal, familiar o comunitario, reflejan la misma verdad que Jesús proclamó. Necesitamos buscar la unidad y la reconciliación, reconociendo que todos somos parte de un mismo cuerpo. Al igual que el espíritu impuro se opone al espíritu puro, nuestras divisiones internas nos separan de la voluntad de Dios y de su plan para nosotros.

Finalmente, Jesús redefine el concepto de familia. Nos dice que aquellos que hacen la voluntad de Dios son su verdadera familia. Esto nos invita a ampliar nuestra perspectiva, viendo a nuestra comunidad de fe como una familia unida por un propósito mayor. La verdadera unidad se encuentra en seguir la voluntad de Dios, viviendo según sus enseñanzas y amándonos unos a otros.

Para cerrar este comentario  les dejo algunas preguntas para enriquecer esta reflexión.

  • ¿Qué enseñanzas de Jesús sobre la unidad te parecen más relevantes hoy en día?
  • ¿Qué obstáculos enfrentas al intentar promover  la unidad en tu entorno?
  • ¿Qué acciones puedes emprender para ayudar a sanar y unir a tu comunidad?
  • ¿Cómo puedes ayudar a otros en tu comunidad a buscar la paz y la unidad, siguiendo el ejemplo de Jesús?

En un mundo lleno de conflictos y divisiones, sigamos el ejemplo de Jesús, buscando la paz y la unidad en todo lo que hacemos.

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