“Preparar el camino al Señor”

Hno. Pedro Herreros
Hermanos Maristas, Iquique

El 2° Domingo de Adviento nos presenta la figura de Juan Bautista, el precursor de la venida del Señor. Juan anuncia al pueblo un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Su anuncio no nace de la propia iniciativa; es la Palabra del Señor la que vino sobre él y lo puso en movimiento, recorriendo toda la región del Jordán con su anuncio.

Si prestamos atención, el texto de hoy del Evangelio de Lucas (3,1-6) nos presenta a Juan a la luz de la profecía de Isaías (40, 3-5). Tal vez para decirnos que desde aquí hay que comprender al precursor y su increpar con fuerza a los que acudían a bautizarse y exigirles gestos verificables de conversión (que siguen al texto de hoy, en Lucas, y que será proclamado en la liturgia del siguiente domingo 3° de Adviento). La liturgia de este domingo quiere que celebremos agradecidos la buena noticia que trae Juan: él anuncia la acción salvadora de Dios en favor de los hombres.

La cita de Isaías, a la que remite el Evangelio, comienza convocándonos a preparar el camino y a allanar los senderos. Ardua tarea. (Se recordarán que, hace años, la propuesta de un “iluminado” de ventilar la cuenca de Santiago y acabar con el smog invernal “aplanando” el cerro Challay, en la salida sur, fue el hazmerreír de ingenieros y técnicos…) Pero no, en seguida el texto nos aclara que esta preparación no será fruto del esfuerzo humano: los valles serán rellenados, las colinas aplanadas, lo sinuoso enderezado, lo disparejo nivelado… Y en estas maravillas (que agradecemos especialmente los mayores, los cojos, los débiles…) todos los hombres verán la salvación de Dios.

Dios lo dispuso así (que sean aplanadas las montañas y rellenados los valles), para que su pueblo camine seguro, nos aclara el profeta Baruc, en la primera lectura. Es que se trata de un pueblo que regresa del destierro adonde fue llevado a la fuerza por los enemigos. Y ahora regresa traído por la mano de Dios: los hijos (de Jerusalén/la Iglesia) vienen llenos de alegría porque Dios se acordó de ellos. ¿Cómo no acoger con esperanza este anuncio en medio de los tiempos que estamos viviendo?

El apóstol Pablo, en la segunda lectura, nos comparte la firme convicción de que Aquel que comenzó en nosotros la buena obra la irá completando hasta el día de Cristo Jesús. Hemos colaborado en la difusión del Evangelio. Participamos de la gracia recibida por el apóstol. Pedimos crecer en el amor para mejor comprender y discernir.

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