EL VIENTO SOPLA 2021

Comentario Evangelio 06 de Junio

Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo
Mc 14,12-16.22-26

Hno. José  Pascual Pérez, sm

Jesús en aquella última cena de despedida tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos diciéndoles: “Tomen y coman todos de él, porque esto es mi cuerpo que será entregado por ustedes”.

Y del mismo modo tomando el cáliz, y dando gracias de nuevo al Padre, lo pasó a sus discípulos, diciendo: “Tomen y beban todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos, para el perdón de los pecados. Hagan esto en conmemoración mía”.

A partir de esa cena los cristianos le pedimos al Padre, en la celebración de la Eucaristía, que santifique los dones de pan y vino que le presentamos en comunidad con la efusión de su Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

Es el gran signo de la presencia de Jesús entre nosotros que se convierte en la fiesta de acción de gracias (eucaristía) donde se cumple de manera especial aquello que nos dejó dicho: “donde dos o más estén reunidos en mi nombre ahí estaré yo en medio de ustedes”.

Por eso para que tenga sentido debemos celebrarla en “comunión” con nuestros hermanos los hombres y mujeres, no sólo con los que están presentes en ese lugar y momento, sino de toda la humanidad, especialmente de los más pobres y vulnerables.

La eucaristía tiene que estar marcada por la alegría, que experimentaron los discípulos al encontrarse con la presencia del Resucitado. Y la alegría en una fiesta se manifiesta por la participación de todos, nadie puede quedar marginado. La participación del Cuerpo de Cristo no puede considerarse como un premio solo para los buenos, sino como destaca el Papa Francisco, es también “una medicina para los que se sienten lejos”. Por lo que nadie debe considerarse excluido de ella.

Este Domingo de la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo es una oportunidad para hacernos reflexionar a todos los cristianos, y en especial a los religiosos/as que participamos frecuentemente en la Eucaristía, para y vivirla con fe, alegría, fervor y entusiasmo. Con espacios para la oración compartida, de petición, de acción de gracias donde se experimenta la comunidad y la fraternidad.

Y por nuestra parte contribuir a que en el entorno de los grupos en los que estamos insertos como religiosos, se viva la celebración de la Eucaristía como un acontecimiento central de la vida cristiana de la comunidad.  

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