jueves , 20 junio 2024
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Comentario Evangelio 02 de Abril

En camino junto a Jesús
(Mateo 26, 3ss)

Hna. María Salomé Labra M, SSpS

Culminamos lentamente cuaresma y nos adentramos en la “semana santa”, que nos invita a renovar nuestro discipulado a la luz de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Su entrada triunfal a Jerusalén nos conecta con la esperanza que aguarda en el corazón de tantos hermanos nuestros que emprenden nuevas iniciativas, proyectos, desplazamientos locales e internacionales tras una mejor calidad de vida para si y para los suyos, con el anhelo de que los menos favorecidos tengan lo necesario para vivir y que aquellos que han recibido mucho se abran a la acción del Espíritu de Dios que nos quiere a todos/as como hermanos/as sentados en la única mesa a la que nos convoca Jesús junto al Padre. Con palmas en las manos proclamamos junto a la humanidad esa esperanza mesiánica que nos ofrece Jesús y por la cual, hoy, todos/as en la Iglesia estamos queriendo ser una Iglesia sinodal, caminar juntos/as.

Con todo, el relato del evangelio de Mateo, nos coloca en relación con el drama que vive todo ser humano. Nuestras expectativas del reinado de Jesús, como lo vemos en sus discípulos, están lejos de su modo de ser y reinar; su autoridad está en su coherencia, se hace cargo de su vida y misión; en su caminar ha visto y sanado enfermos, desvalidos, ciegos, se ha acercado a los que son marginados y desplazados; sus palabras y sus acciones nos revelan justicia, misericordia, amor, paz. No opta por las armas, ni por la legitima defensa, no violenta a los otros, los escucha, los coloca ante los hechos y apela a la bondad de Dios que hay en cada uno/a; decide ser fiel a su hacerse uno de nosotros/as. Y En esta experiencia humana, como nosotros experimenta la traición, la negación, las contrariedades, la burla, el fracaso… al punto de exclamar “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” ¿Quién de nosotros/as, no ha experimentado en algún momento de su vida, está inquietud que surge de lo profundo del corazón? Con dolor experimentamos que “Dios nos ha abandonado” cuando nuestros proyectos y sueños se ven trastocados o terminados de un modo que no queríamos.

Hoy en medio de las luchas fratricidas que se viven en algunas regiones del país y del mundo, ante la intolerancia que está en el ambiente, frente al que piensa, siente o tiene diversos modos de leer la realidad y buscar respuestas para el bien común, me siento llamada a en humildad caminar, contemplar y aprender nuevamente del amor de Jesús que en su pasión amorosa por el Padre, se dispuso a ofrecer su vida aun cuando parecía que todo era fracaso. Lo nuevo nace cuando algo muere en nosotros/as, cuando nos disponemos a usar el poder para servir, sanar y crear comunión, cuando ponemos al servicio del bien común y en la misión que se nos ha confiado los talentos recibidos, allí donde estamos: como profesor/a, medico,  en el servicio público y/o administrativo, en la política o en la población, entre los niños, jóvenes o ancianos, en el hogar o en trabajo, en la comunidad vecinal o  de compartir la vida y la fe.

En el camino junto a Jesús durante esta semana, les y me invito a preguntarnos:

– ¿Qué necesita morir o cambiar en mi para que entre todos/as cuidemos la vida de todos/as?

– Su Espíritu ¿por dónde me insinúa que necesito cambiar para vivir como hijo/a de Dios en esta casa común?

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