«El que se eleva será humillado y el que se humilla será elevado”
 «SER HUMILDES”

Hermana María Teresa Araya,sp
Hnas. De la Providencia

Queridas y Queridos Hermanas/os:

Demos gracias a Dios que nuevamente podemos entrar en comunión a través de la Palabra. En el Evangelio de hoy, una vez más se nos presenta el Reino de Dios  en un banquete, lo interesante es que está Jesús invitado y donde está Dios todo cambia y todo tiene sentido.

Este Dios Providente siempre velando sobre nuestra vida, mirándonos con ternura de Padre para mostrarnos el camino, para enseñarnos, formarnos como lo hacía con sus discípulos; hoy nos propone como actitud interior y proyecto de vida vivir en» humildad y gratuidad «. Es una profunda manera de entrar por la puerta estrecha, para llegar al Reino de los cielos, como lo vimos el domingo pasado; es una actitud de pararnos frente a Dios, frente a nuestros hermanas (os), frente a la vida misma. Reconocer todo lo que Dios nos ha dado gratuitamente, sólo por amor, para ponerlos al servicio de los demás desinteresadamente, a cambio de nada, porque es grande quien sirve, nos enseña que la humildad y la sencillez de corazón es una opción, para nosotros como discípulos que queremos vivir en fraternidad el espíritu del Reino.

Cómo no alegrarnos y motivarnos al tomar conciencia que el Reino es don gratuito de Dios a cada uno de nosotras (os), es amor sin límites e incondicional, es dar y darse a fondo perdido.  Humildad, qué palabra tan hermosa, pero difícil de vivir, porque necesitamos tener sabiduría y realismo, para reconocer nuestra pequeñez ante la
grandeza de Dios.

Santa Teresa de Ávila decía que: » la humildad es andar en verdad «, porque Dios es suma Verdad y la Verdad de Dios es Jesús. Si seguimos a Jesús tenemos que trabajar para vivir a su modo, a su estilo; esto pide de nosotros situarnos en lo que realmente somos ante Dios, andar en la verdad de nuestra propia condición. Necesitamos ser pobres de espíritu ante Dios, es decir vaciar de nosotros mismos, para ser llenadas (os) de él, con la convicción profunda de que todo en nuestra vida es » Gracia y Don » que no es más que el resultado de la misericordia y del amor que Dios nos tiene.

En la sociedad que vivimos, la humildad no está de moda, porque una conducta evangélicamente humilde y acogedora, al estilo de Jesús, resulta chocante e incómodo ya que nos parece como normal buscar el prestigio, el reconocimiento, sentirnos importantes, hoy se idolatra la propia imagen, caminamos por la vida mostrando lo que no somos y todo esto hace que nos confundamos y queramos ocupar y disfrutar siempre los primeros asientos en la mesa de la vida. Jesús hoy nos llama a que nos sentemos en la mesa de la misericordia, de la compasión, del perdón y del respeto, de la inclusión, de la solidaridad y la justicia, creando espacios de encuentros sagrados, cercanos, dialogantes y fraternos.

Digamos juntas (os): Dios del amor gratuito concédenos seguir el ejemplo de Jesús y aprender su enseñanza, para saber estar y vivir en relación contigo y con los hermanas (os).

Danos un corazón grande y humilde, para acoger como pobres tu amor, tu gracia, tu misericordia, tu perdón y tu Reino. Amén.

 

«HAZTE PEQUEÑO EN LAS GRANDEZAS HUMANAS  Y ALCANZARÁS EL FAVOR DE DIOS”

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