sábado , 15 junio 2024

Boletín N°3 XLVIII Junta Directiva de la CLAR

Luz en la noche: La tercera jornada de trabajo inició con la celebración de la Eucaristía, presidida por Mons. Paolo Rocco Gualtieri, Nuncio Apostólico en Perú. La liturgia, animada por la Región del Cono Sur, nos invitó a celebrar los 70 años de existencia de las Conferencias de Religiosas/os de Brasil y de Colombia. La solemnidad de la Santísima Trinidad ofreció un marco de mucha luz, al acercarnos a la comunidad perfecta, a la experiencia de Dios que es familia, es amor y comunión. 

La palabra de Dios propició la oportunidad para definir a la vida religiosa como Luz en la noche, y agradecer su presencia que ilumina a la humanidad en el caminar hacia Cristo. Apoyado en el texto de Jn 3,16-18, el presidente recordó el encuentro de Jesús con Nicodemo, quien representa al ser humano que en medio de la noche sale a buscar la Luz. Así le corresponde a la Vida Religiosa en este tiempo: nacer del cielo, ser signo de la Luz en las más diversas realidades de oscuridad, y asumir el desafío de cuidar que esa luz siga resplandeciendo en medio de un mundo lleno de tinieblas. Para concluir la celebración, la Hna. Liliana Franco, junto con los demás integrantes de la Presidencia presentes, entregó una condecoración a la Hna. Eliane Cordeiro de Souza, MC, Presidenta de la Conferencia de Religiosas/os de Brasil, y al P. Diego Orlando Serna Salazar, OP, Vocal de la Conferencia de Religiosas/os de Colombia.

Ya en la sala de reuniones, la Hna. Raquel Peralta, en su trabajo de moderadora, invitó a la asamblea a entonar la canción, “fieles a la vida” y otorgó la palabra a Bernardo Sada y a Rosario Purilla del ETAP, que hicieron el enlace con el día segundo. Seguidamente la Conferencia de Religiosas/os de Brasil entregó un regalo a cada uno de los representantes de las Conferencias Nacionales presentes, para extender el jubileo de esta conferencia nacional. El P. José Luis Loyola hizo una iluminación al 7mo. Movimiento del Horizonte Inspirador: El cambio sistémico y la incidencia política. Definió el cambio sistémico como búsqueda, cambio, convivencia e interconexión. Y con este poema de Eduardo Galeano, ilustró sobre su valor y alcance:


Son cosas chiquitas.
No acaban con la pobreza
no nos sacan del subdesarrollo,
no socializan los medios de producción
y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá.
Pero quizá desencadenen la alegría de hacer,
y la traduzcan en actos.
Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad
y cambiarla aunque sea un poquito,
Es la única manera de probar
que la realidad es transformable.

Recordó que cambiar lo poquito que nos corresponde, es cambiar el mundo entero. Es un cambio que surge de lo profundo, desde dentro, y desde la tierra. Todos podemos aportar nuestros saberes, fortalezas y experiencias porque todos estamos interconectados. Con un video sensibilizó para vivir en armonía con la casa/madre común, insistiendo en la comprensión sistémica de la interconexión de lo ambiental y lo social. Invitó también a construir la geopolítica de la esperanza, como praxis para afirmar la vida y la justicia, citando a Juan Luis Fernández Avendaño. Es la política de la esperanza. Y concluyó con el poema el tiempo y la espera, de Pedro Casaldáliga:

Es tarde, pero es nuestra hora.
Es tarde, pero es todo el tiempo 
que tenemos a mano para hacer futuro.
Es tarde, pero somos nosotros esta hora tardía.
Es tarde, pero es madrugada
si insistimos un poco.

Seguidamente, con la moderación del P. Eddy Omar Polo, de Venezuela el consejo económico de la CLAR fue presentado, y ellos a su vez llevaron adelante el panel: Criterios evangélicos y éticos para la vivencia de la sostenibilidad y la solidaridad. Este Consejo de Economía está conformado por la Sra. Norma González de Argentina, el P. Gerardo Gordillo Zamora, MSpS. de México, el P. Nivaldo Pessinatti, SDB. de Brasil, el P. José Leonardo Rincón Contreras, SJ. de Colombia, y el H. Leonardo Enrique Tejeiro Duque, FSC. de Colombia

Agradeciendo el voto de confianza de la CLAR para esta tarea, resaltaron que las personas que regresan ya no son las mismas que llegaron a Lima a esta Junta Directiva, dada la densidad de vida y de proyectos compartidos. Advirtieron que son similares las grietas que hieren a todos los países de América, incluidos los del norte. El principio de escases se impone, y cada vez somos más obligados a responder a necesidades ilimitadas con recursos limitados. A esto hay que responder con una economía solidaria que nunca puede tener como práctica la exclusión, pues el principio del equilibro financiero no puede ser el único principio que rija una economía que cuide la vida. No puede haber conflicto entre economía y misión, la una debe potencializar a la otra con responsabilidad, transparencia y salvaguarda de la confianza. 

Invitaron a transitar por los lugares comunes, que por ser demasiado comunes con frecuencia los hemos convertido en paisaje. Hemos de preguntarnos por lo esencial, por lo que es fin y por lo que es medio, movidos por el criterio de ordenar la vida y seguir el norte, el sentido, que es Jesús, norma normativa no normada. La misión a la que somos enviados es el Reino y es lo que nos tiene que apasionar, movilizar, convocar y dar sentido a lo que hacemos. Pero se nota que hemos divorciado esta misión de la administración de los bienes; así pues, debemos seguir ahondando en la economía al servicio de la misión. Sigue siendo muy iluminar el deseo de san Ignacio de Loyola de tener la orden más pobre y austera, pero prestando el mejor servicio e invirtiendo los mejores recursos, pues los bienes que administramos no son nuestros sino de nuestro señor Jesucristo y de sus pobres. Esto nos debería preservar de actitudes como indiferencia, el despilfarro o la avaricia en la administración de los bienes. Podemos tener muchos bienes, y cada vez somos menos, así, pues es necesario tener cuidado de que los bienes acumulados retornen a los pobres, pues también en el compartir de los bienes materiales se demuestra la calidad de la sinodalidad.

Algunas opciones/actitudes evangélicas y éticas para la vivencia de la sostenibilidad y la solidaridad son: el profundo reconocimiento a los que nos antecedieron, pues se hemos logrado mirar más lejos, ha sido porque hemos sigo cargados en hombros de gigantes (Newton). La historia no comienza con nosotros, de ahí la importancia de tomar conciencia de quiénes proviene, cuánto costó y qué les queda a quiénes vendrán. El trabajo como santificación, pues la caridad es inteligente y se debe planificar bien. El valor de la escucha, el compartir y la comunión, pues si un ecónomo no tiene tiempo para escuchar, puede estar incurrir en la desatención y el descuidado de las personas. Y en estos temas de administración siempre es aconsejable proceder con humildad, competencia y sinodalidad y evitar el riesgo de seguir los criterios del mercado consumista. La conciencia del bien común en conversión ecológica y económica implica dejar brotar todas las consecuencias del seguimiento de Jesús y de ser cuidadores de la obra de Dios.

En conclusión, la realidad, que se nos presenta como un todo íntimamente relacionado, reclama de la Vida Religiosa de América Latina y el Caribe, favorecer estrategias para un diálogo entre la ecología económica, social, cultural y de la vida cotidiana, que incluya la perspectiva de una ética del bien común y de la justicia entre las generaciones, siendo una presencia al servicio de la vida, comprometida con el cuidado de la casa común, la promoción de los derechos humanos y de los pueblos, la defensa de la familia y de los más vulnerables de la sociedad (HI Clar).

Comprendernos desde este diálogo y en la clave de una Ecología Integral, implicará una clara opción por la austeridad, la sencillez, la humildad y la sustentabilidad (pobreza); que implique una escucha común obediente al Creador en la vivencia sinodal con todas las creaturas (obediencia), y que lleve a relaciones transparentes e interdependientes con nuestras comunidades y el laicado (castidad).

Finalmente, se presentó una propuesta de organización de la administración de los bienes en una congregación religiosa, partiendo de que todos estamos en la misma barca y que sí se puede desarrollar una economía transparente, corresponsable y solidaria que garantice el sustento de nuestra vida y el impulso de nuestra misión. E identificando los paradigmas fijos o cerrados, tales como que: los religiosos solamente nos ocupamos de lo espiritual y no de lo material, o que la preocupación por lo económico es del superior, o que la comunidad es nuestra madre. Es necesario superar estas creencias para amar a las personas y utilizar los recursos, desde tres valores: transparencia, corresponsabilidad y la solidaridad.

Haber tratado este tema de la economía y de la administración de los bienes, debe ayudar a la vida religiosa a crecer en adultez, responsabilidad y trabajo, además de disponerse a la rendición de cuentas para favorecer relaciones de confianza y adultez. El tema económico es indispensable de atender en la apuesta de una vida religiosa y eclesial sinodal, pues en las apuestas del papa Francisco en relación con la economía solidaria y el cuidado de la casa común, está la invitación no solo a dar los bienes que piden las obras sino ayudar a crecer las misiones para que lleguen a ser autosustentables.

Hemos de encontrar maneras de hacer realidad esta afirmación de nuestro Horizonte Inspirador: “Nuestra militancia es evangélica y carismática y se funda en los valores que intentamos encarnar cada día para, desde la vida, incidir en la política, la sociedad y la economía, los lugares donde se decide el presente y el futuro de todas/os. La incidencia política es un elemento esencial en la comprensión del cambio sistémico y la manera en que este cambio se hace verdaderamente sostenible”. Quedamos con el encargo de lograr una cualificación en la gestión de los asuntos contables, administrativos y financieros con la ayuda del consejo de economía y que sirva también para el asesoramiento de las Conferencias Nacionales y las congregaciones religiosas que lo requieran.

En la tarde tuvimos una interesante salida cultural que nos transportó por el santuario de Santa Rosa de Lima, el Museo Amazónico, la Casa de San Martín, el convento museo de Santo Domingo, el Museo de San Martín, el Museo de Santa Rosa de Lima, el Museo de San Juan Masías, la plaza central de Lima y unas tiendas de artesanías.

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