Hna María Salomé Labra, ssps

Evangelio según San Mateo 2, 13-15.19-23

La belleza del anuncio de Navidad, de las celebraciones que giran en torno a reconocer el don del Enmanuel, el “Dios con nosotros/as”, en el recién nacido que despierta en nuestros corazones los anhelos de paz, de amor, de hermandad, de reconocimiento de los otros como don, la capacidad de compartir y regalar, de ser familia… contrasta con el anuncio del Evangelio de este domingo, que advierte de los peligros que acechan al recién nacido.

El ángel del Señor anuncia a José “levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. Esta palabra trae a mi memoria y reflexión las realidades actuales que escuchamos, vivenciamos, acogemos unos con más o menos resistencia, la creciente e inmanejable ola migratoria que viven nuestros pueblos con todas las secuelas que estas experiencias significan tanto para los que emigran como para los pueblos que los reciben.

Hombres y mujeres que como José y María salen de sus tierras buscando nuevos horizontes de vida, pues allí donde están se sienten amenazados y/o perciben las precarias posibilidades de crecimiento para sus hijo/as.

A este punto ha llegado la cercanía de Dios con la humanidad, al punto de compartir la realidad de huir ante la posibilidad de muerte, de buscar proteger la vida de aquello que se ama, en este caso al niño Jesús que Herodes quiere matar. Emigrar a Egipto para cuidar la vida.

Cuidar la vida, en esta situación migratoria, conlleva ponerse en camino, salir de lo conocido, abrirse a nuevas posibilidades, aprender otros modos, experimentar la soledad, creer y confiar en que hay mejores oportunidades. Al mismo tiempo, sabemos de las crecientes dificultades y flagelos a que se ven expuestas hoy las personas que emigran. En una declaración del 19 de enero de 2014 el Papa ha solicitado a la comunidad internacional que tenga el valor para acabar con “los mercaderes de carne humana que quieren esclavizar a los inmigrantes y refugiados”. Bien sabemos, que entre los migrantes crece la Trata humana y el abuso de los menores, situaciones deshumanizantes que aumentan el stress propio de la salida de casa, de la respuesta a las primeras amenazas ante lo desconocido, de la incertidumbre frente a la vida, la violencia y los obstáculos propios del cruce de fronteras que incluyen: el viaje, el estado legal, el miedo de las autoridades, la incapacidad de hablar la lengua, el choque cultural, el aislamiento social, la vulnerabilidad frente lo dominante, etc.

Si Navidad nos recuerda la condición de Hijo/as que a todos se nos regala, aprender a cuidar al Otro/a especialmente a los Haitianos, Venezolanos, Colombianos, Bolivianos, Ecuatorianos, Peruanos, Sirios, etc. hermanos que llegan a nuestro país buscando escapar de la muerte, es una tarea que José nos recuerda con su gesto de partir junto a María y Jesús para salvar su vida. Favorecer ambientes que disminuyan el miedo, la precariedad de vivienda y laboral, la inclusión del diverso y los lazos de familia donde crezca la confianza y esperanza humanizándonos como sociedad. Solo así podemos encaminarnos y celebrar la jornada mundial de la paz.

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