el viento

Sor Iris Inostroza Rivas, hfm
Hijas de María Auxiliadora
Integrante del Consejo de Prevención De CONFERRE

El texto elegido para este domingo, comprende 3 parábolas y un comentario final. Me quedaré con las parábolas

Si comenzamos a desmenuzar el texto, podemos ver que Jesús primero compara el Reino con un Tesoro escondido, podríamos decir, escondido en un campo cualquiera, donde “alguien” tiene la suerte de llegar a ese campo y “descubrir” el tesoro que hay en él. Desde ese momento “el campo” comienza a tener “valor” para esa persona, y un valor superlativo, porque le causa una alegría desbordante, tanta, que lo lleva a “perder la cabeza” y vender todo lo que tiene con tal de “quedarse con ese campo”.

Luego, Jesús compara al Reino con una persona, un comerciante, pero no cualquier comerciante, sino con uno que busca perlas, y entre ellas las que son finas. Podríamos decir, su vida era normal hasta que, “por fortuna”, azar, o suerte, llega a sus manos una perla “extraordinaria”. Entonces, como en la parábola anterior, el resultado es que este comerciante no quiere perder “esa perla”, por lo que va, vende todo lo que tiene y se queda con ella.

La tercera parábola del Reino, tiene una lógica distinta: las 2 anteriores, como vimos, se centran en un “descubrimiento que lleva a dejarlo todo por lo que se ha descubierto”. En esta tercera no hay descubrimientos, ni dejarlo todo para conseguir “algo mejor”, aquí se compara el Reino con una red de pescar que alguien pone en acción, que comienza a trabajar: a recoger todos los peces que pueda, sin distinción. Pero una vez que completó su labor, viene la tarea de distinguir los peces comestibles de los que no lo son.

Con esta parábola, se me ocurre decir: bueno, si no tuvimos la “suerte” de encontrar el tesoro ni la perla, al menos “nos atrapó” la red del Reino, pero aquí, aunque no tengo que venderlo todo, si tengo que ser “comestible”, grande, chico, no importa, pero sí un pez bueno.

Y trayendo la Palabra al presente, me pregunto: ¿cuál es el campo donde hoy está escondido el Tesoro?, ¿cuál es la perla fina que tengo entre las manos? El campo donde está el Tesoro escondido (Jesús) puede ser la pandemia que estamos viviendo. ¿Qué “tesoros” estoy descubriendo en estas circunstancias? Creo que Jesús se me está manifestando en los milagros de la multiplicación de ollas comunes y comedores comunitarios, porque quién me puede decir que no es un milagro que con toda la pobreza que viven muchas familias compartan de lo suyo, alimentos, tiempo, trabajo, para que otros puedan comer. O el tesoro del trabajo abnegado del personal de la salud y de los que trabajan en los centros de atención…O el tesoro de la atención que brindan tantas mujeres mayores a sus esposos que padecen de alzhéimer y que en tiempo de confinamiento no pueden tener la ayuda de sus hijos o amigos para descansar un poco, o la perla fina que tienen en el corazón tantas mujeres que, además de responder al teletrabajo, responden a las labores de casa y a la educación de los hijos. Y, por último, quien no se da cuenta del tesoro que hemos descubierto al tener que rezar en casa, al convertirse éstas, en una iglesia doméstica como en los primeros tiempos, donde Jesús se hace presente en donde estamos, sin distinción.

Les invito a ser como esos hombres/mujeres de las parábolas, a ser quienes descubran “el Tesoro escondido” y “la Perla fina”, y a que día tras día tomemos las decisiones que nos lleven a venderlo todo para quedarnos con Él.

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