DOMINGO DE CRISTO REY

P. Hernán Vargas, cp
Congregación PP. Pasionistas

Cerramos al año litúrgico con la fiesta de Cristo Rey, fiesta que apunta a celebrar a Jesús de Nazaret como Señor de la Historia y a recordarlo más fundamental del mensaje que El anunció: el reinado de Dios y su justicia.

¿De qué Cristo Rey hablamos? Porque toda vez que a Jesús intentaron proclamarlo rey se escabulle y no acepta tal título. Le incomodaba porque se prestaba para confusión y deformación de su persona y de su mensaje. 

Es muy significativo que la liturgia nos proponga hoy  en el Evangelio un trozo de la Pasión de Cristo, según el IV Evangelio. El poder político y al poder religioso, reinantes y dominantes, deciden matar a Jesús porque se cree Hijo de Dios y porque presume de ser rey. El Nazareno,  herido y maltratado, ante ellos reconoce que es Rey. Un rey que se jugó la vida siendo el servidor que lava los pies de los discípulos, un rey que vino a servir preferencialmente a aquellos que nadie quiere servir. Más aún, un rey que se identificó con los rostros humanos sufrientes.

Y el reinado de Dios, la utopía de Jesús, que heredamos sus seguidores, tiene unos rasgos que no coinciden con los reinados (sistemas) socio-políticos de hoy. Estos rasgos los describe muy bien el prefacio de la Eucaristía de hoy: “un reino eterno y universal, el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de justicia, el amor y la paz.”

Con este reinado soñó Jesús y sueña también hoy la comunidad de los creyentes en El. Por eso, celebrar esta fiesta supone compromiso efectivo y afectivo con la construcción de un mundo más humano y humanizante. Los acontecimientos vividos esta semana en La Araucanía son una muestra de que es urgente sembrar las semillas del Reino en todos los ambientes humanos, con preferencia allí donde los rostros de Cristo claman justicia, amor y paz.

La Vida Consagrada está al servicio del Reino con la riqueza de los carismas que el Espíritu ha suscitado en la Iglesia para anunciar el Evangelio del Reino en todos los rincones de la humanidad. Allí donde hay alguien que ama y sirve, al estilo de Jesús, ahí se hace presente el rostro de Cristo Rey y comienzan a brotar las semillas del Reino.

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