El encuentro con dos grandes creyentes

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P. José María Arnaiz, SM
Congregación Marianista

Evangelio según San Lucas 1,39-45.

Y las dos,  son mujeres. Este domingo es para pasarlo con compañía de María y de Isabel. Las dos están embarazadas y de un modo increíble; a la una se le nota más que a la otra. Las dos con maridos escépticos, las dos esperan hijos muy especiales. Las dos sienten que llevan en su seno una novedad que les supera. En Isabel se conjuga el asombro por una maternidad inesperada por el vuelo del Espíritu sobre su esterilidad sin futuro. El asombro y la exaltación de Isabel  hacen eco a la alegría y a la danza de la criatura que lleva en sus entrañas.

En este maravilloso encuentro se junta el Antiguo y el Nuevo Testamento, la juventud y la edad madura, el “feliz tú por haber creído” y el “se alegra mi Espíritu en Dios mi salvador…”.  Las dos mujeres están profundamente vinculadas entre sí. Con ellas y de ellas nace el tiempo nuevo, el del Reino, el de Jesús.

  • Me sitúo en la escena de la visitación

Entro en la casa de Zacarías  y aprendo a estar con María y con Isabel. Las acompaño y me dejo acompañar. La suya es una presencia maravillosa y transformadora; de mujeres fecundas, de creyentes visitadas por el Señor, de dialogantes felices. Con ellas me quedo y siento que me comunican paz y alegría. Me miran y las miro. Me contagia su experiencia de estar comenzando algo nuevo para su pueblo.

  • Las escucho.

De ellas me llega un mensaje nuevo, de nuevo testamento;  escucho por primera vez una bienaventuranza: “feliz tú por haber creído porque han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho”: de ellas escucho por primera vez el credo del nuevo testamento: “Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios mi salvador…”.  Sus  palabras contienen bendición, bienaventuranza y confesión de fe. Entre las dos aciertan a poner música a la letra y nos enseñan a cantar. Saber cantar es muy importante en nuestra vida.

  • Las sigo, las imito, vivo lo que ellas vivieron.

En ellas se da la presencia transformadora de Dios en la humanidad; son el primer fruto maravilloso de esa acción. Al estar con ellas y escucharlas uno se decide a convertirse en camino hacia Cristo; a querer  abrirse a la fecundidad como ellas, a  hablar como ellas, a vivir la alegría con su misma fuerza, a animarse a hacer un gran y nuevo comienzo en la historia de la humanidad como ellas. María lleva a Jesús, es mujer llena ya de su nuevo espíritu; lo contagia. Cuando nos llenamos de ese espíritu.  ponemos alegría y paz en este mundo a ratos conflictivo y oscuro.  Decidirse a sembrar alegría y paz es mucho en este momento de nuestra realidad. Para lograrlo no hay como poner el Magníficat en nuestros labios y cantarlo a pleno pulmón y lleno de misericordia y conseguir que invada nuestra mente, nuestro corazón, nuestros labios, nuestras  manos y lleve nuestros pies por caminos de vida y esperanza. Así aprenderemos a bien enaltecer y liberar de la opresión a los humildes.  Ser Isabel y María en este momento en la vida de la Iglesia y en la vida consagrada es buena tarea y también buen desafío.

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