El Viento (2)

Fidelidad en tiempos confusos…

Lourdes López, fmm

Evangelio según san Lucas 16,1-13.

Caminando…
La vida Consagrada nos hace transitar en medio de incertidumbres en este proceso de hacernos discípulos y discípulas, en este ir consagrando nuestra vida a Dios y al Proyecto del Reino, cada uno y cada una vamos recibiendo “lo que es nuestro” aquello que plenifica la vida.

Tal vez iniciamos el camino con sueños e ilusiones, con horizontes que nos hicieron lanzarnos a lo desconocido; pero poco a poco, el camino se torna conocido, y lo aseguramos cada quien desde nuestras rupturas o necesidades personales.

Es entonces, cuando la Buena Noticia de Jesús nos confronta, porque nos acostumbramos a vivir en este nuestro mundo, nos envolvemos en la tentación del éxito, del poder; pero, más allá de lo que hemos ya “conseguido”, de los servicios y trabajos que hemos “logrado”; este domingo el Evangelio nos hace cambiar el rumbo de nuestra mirada y redescubrir aquello que es profundamente nuestro.

Administramos…
Sostenemos en nuestras manos, misiones, ministerios que nos hacen guardar en el corazón a personas concretas con sus historias, con sus límites y sus esperanzas; no negamos nuestra fragilidad, no negamos que también necesitamos de alguien que nos contenga; nuestras comunidades, nuestras familias y amistades.

Pero también es cierto que en medio de tanto hacer, o en medio de tanto dolor, nos convertimos en simples administradores; personas que, preocupados por la “efectividad” de nuestro quehacer nos olvidamos del regalo de la misión.

Administramos sí, y la verdad es que solemos ser buenos en la administración, porque nos han formado para trabajar bien, para programar y evaluar, para proyectar con calidad. El problema de convertirnos en administradores es que dejamos de apostar el corazón, podemos darnos el lujo de proteger nuestros propios intereses y olvidamos el sentido esencial de nuestra opción fundamental. Cierto es que podemos incluso llegar a derrochar aquello que se nos ha confiado, pero más cierto es que el peor derroche es asegurarnos la vida, caemos en la corrupción de quien saca ventaja para sí de aquello que no es suyo.

Lo que es nuestro…
Aquello que hemos ido desvelando en nuestra vida, como el regalo de Dios, aquello que nos hace mirar el horizonte con la alegría profunda de la Entrega, aquello por lo que apostamos la vida y la perdemos. La mayoría de las veces no son las grandes cosas, los grandes ministerios y servicios; sino el vínculo profundo, la escucha de corazón a corazón, el gozo de la música o el arte que recrea el existir… Aquello que es nuestro y que nadie nos lo va a quitar porque es el Espacio Sagrado que nos hemos atrevido a transitar y desde el cual, nuestra Consagración es y toma un profundo sentido en la libertad profunda del amor inquebrantable.

¿Fidelidad?
No lo sé, no sé si es fidelidad, autenticidad o simplemente, reconocer que en nuestras vidas Dios ha confiado su Presencia y tal vez no se trata de ser fiel a las normas o a los consejos evangélicos; sino ser fieles es reconocer que Dios ha caminado conmigo, me ha ayudado a enfrentar lo que soy, me ha curado y me quiere libre y auténtica.
Fidelidad es, acoger aquello que es nuestro y entregarlo por amor.

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