Nuevo caminar…

Hno. Héctor A. Campos M.
Hermanos Menores Capuchinos.

Evangelio según San Marcos 16,15-20

Hay varias preocupaciones que nos rondan estos días “camino a Roma” en nuestros pastores y el encuentro con Francisco; “Rosario sin fronteras” con la intención de pedir por la “Protección de América y por la paz en el mundo” y, aquí nos viene la Solemnidad de LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR”, celebración que nos lleva a tomar contacto con nuestra experiencia con Cristo en la catequesis, en la familia o en la comunidad cristiana, donde este encuentro con Cristo nos llevó a testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad y de Iglesia a todos los confines del mundo.

Lo que no cabe duda es que somos invitados para testimoniar la acción de Jesucristo en nuestras vidas y comunidades, a iniciar un nuevo camino donde el rostro de Jesús son los pobres, excluidos, abusados, desprotegidos, olvidados de nuestras sociedad. El evangelista Mateo dice “hagan discípulos” y Marcos “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación”. No se trata de hacer, sino de “anunciar” y esto con la vida. Y que terrible cuando se acercan los más sufridos a nuestras comunidades nos ven con poco tiempo, cansados, muy preocupados de los proyectos/obras y no tanto de la persona de Jesús. Como recuperar la presencia de la persona de Jesús en nuestras comunidades, de tal modo que quienes hoy se acercan a nuestras comunidades cristianas se encuentren directamente con Jesús. Debemos salir de una religión envejecida, con graves signos de crisis.

Cuando en la fiesta de la Ascensión, saludamos a los catequistas, nos damos cuenta que todos nosotros hemos llegado por un anuncio, en muchos casos por la catequista del pueblo, del barrio, de la comunidad. En otros por nuestras mamas, abuelas o familiares. Ellas nos anunciaron a Jesucristo como una persona que era capaz de acogernos, de abrazarnos y mostrarnos con su vida a la Persona de Jesús.

Ha llegado el momento de entender y configurar nuestras comunidades religiosas como un lugar donde se acoge el Evangelio de Jesús. Nada puede regenerar el tejido en nuestras crisis como la fuerza del Evangelio. Hoy pedimos al Señor la gracia, de que la Palabra de Dios, sea la fuerza regeneradora de nuestra vida cristiana y desde ahí compartir la fe no por obligación, sino por atracción y contagio. Debemos volver al Evangelio como nuevo comienzo, como nuevo camino y éste en sintonía y dialogo con los más excluidos, con todos los que forman parte del dolor en nuestros días, donde cada uno de nosotros debe poner rostro y nombre, para dejarlos entrar en nuestra experiencia del Cristo resucitado.

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