Hna. Gloria Neira
Hermanas del Niño Jesús

Después de haber hablado de las exigencias que se pide vivir  a los discípulos, Jesús,  elige otros 72,  lo que significa que ya ha  elegido y enviado otros grupos y significa también que el Señor tiene muchos seguidores entre los cuales puede elegir.

El Señor se hace ayudar… el Reino es un asunto urgente y de comunidad, donde todos entran tanto para ayudar a anunciarlo como para construirlo y participar en él.  Envía a sus colaboradores de dos en  dos estableciendo que la naturaleza del Reino es con otros, pide trabajo colaborativo, en grupo, en comunidad, donde el otro pueda ser testigo de lo que yo digo y hago; donde somos solidarios y podemos ayudarnos mutuamente, nos acompañamos, nos complementamos, esperamos, escuchamos lo que el otro tiene que decir, afirmamos lo que ha dicho, nos hacemos equipo y fuerza en esta tarea de proclamar el Reino, sólo así somos testigos y testimonio de lo que predicamos; garantizamos la verdad del testimonio y somos expresión concreta de la paz y la unidad.

Es interesante ver como Jesús los envía delante suyo, si bien el discípulo es quien sigue y va detrás del Maestro hay veces en que el Señor nos necesita para ir delante de Él abriendo y preparando el camino y los corazones.

El Señor encomienda al discípulo hacer oración al Padre para  que envíe más operarios. Tiene conciencia de la falta de trabajadores para que hagan la cosecha, Él sabe que hay mucha gente en Israel que necesita la Buena Noticia, Jesús hace partícipes a sus discípulos de esta urgencia que Él tiene.   Así el discípulo consciente de esta necesidad  responderá con más fidelidad y trabajará a su vez para despertar seguidores de Jesús.

Jesús habla con realismo a sus discípulos advirtiéndoles el lado pascual de la misión, van a correr riesgos, van a vivir  hostilidades, agresiones, rechazos, podrán ser heridos o muertos por otros.  Es algo que tenemos que saber e integrar en nuestra vida.     Pero además de  este  riesgo  Jesús pide un paso más, y nos dice que  no llevemos monedero, ni bolsa, ni  sandalias;  hace un llamado a vivirnos en la fe y la confianza en Dios. Un llamado a  confiar en lo fundamental viviendo nuestra seguridad personal puesta no en los bienes ni en el tener  cosas materiales  que nos den seguridad,  sino sólo en Dios.  Nos recomienda una vida austera y sin distracciones, absortos en la misión, sin fijarnos ni detenernos en nada que saque nuestro corazón  de lo esencial sin ocupaciones en cosas superfluas como son  el detenerse a saludar a los conocidos. Nos  envía a lo nuevo, a la gente que desconocemos, que nos arriesguemos; que ampliemos los horizontes del Reino de Dios. Ir más allá, es siempre más difícil por ello nos acomodamos y nos instalamos, tantas veces, con facilidad. 

Otra recomendación del Señor a estos discípulos es llevar la paz, comunicar la paz a donde quiera que lleguen.  Es un elemento base del Reino.  No podemos proclamarlo si no llevamos esta riqueza de la paz para compartirla, si los demás no la quieren,  no se abren a ella nos retiramos tranquilos, con ella en nuestro corazón.

La alegría que experimentan los discípulos y que comparten con Jesús a su regreso, es acogida, comentada y a la vez re orientada por Él.  La razón de la alegría ha de venir porque hemos sido elegidos y no porque tenemos éxito en nuestro quehacer,  o por los milagros o las sanaciones que realizamos o porque los demonios nos obedecen. Debe haber en los discípulos un no al orgullo, un no a la arrogancia por los dones recibidos,  un no claro a la alegría cuya fuente es el éxito.   La alegría del discípulo tiene una connotación mucho más espiritual y profunda. Ser elegido y llamado para la Vida.


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