el viento

Hna. María Salomé Labra, SSpS
Misioneras Siervas del Espíritu Santo

En un mes, en que hemos recordado el Día Internacional de la Mujer, quisiera resaltar el papel de María Magdalena, quién “va de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro…”. Me imagino que salir de madrugada para una mujer de aquella época, no habrá sido una experiencia común, ni fácil e incluso podría ser peligrosa, como lo es hoy, para tantas mujeres.  Con todo, tenemos delante de nosotros a esta mujer que, dolida por la pérdida del Maestro amado, se apresura por llegar temprano a la tumba para sentir su cercanía, para acompañarlo. El amor la pone en camino y la sostiene en su audacia.

Como en ella, hoy en nuestra historia encontramos a tantas mujeres que no temen a la penumbra ni oscuridad. Por ello, en este domingo de Pascua, quisiera invitarles a recordar el nombre de mujeres que ustedes conocen, quienes en medio de esta pandemia, han salido de madrugada y de noche, en medio de la oscuridad y a plena luz del día, a trabajar para tener el alimento necesario para los suyos; han desarrollado iniciativas de solidaridad entre sus vecinos más necesitados; o están acompañando a los enfermos o ancianos que están solos; o están expresando su indignación ante los feminicidios y la trata de personas; o han sufrido la violencia por trabajar sin permisos; aquellas que están insertándose en los movimientos sociales que buscan la justicia y la equidad para tod@s; o quienes ofrecen sus dolores en favor de la paz… Mujeres guardianas de la vida y expertas en el arte del cuidado de l@s otr@s por amor.

El nuevo paradigma que va emergiendo requiere de la lucidez femenina, que en todo cuida la vida y el bien vivir de los que ama. No teme arriesgar su vida ni sus apreciaciones; que, como portadora de la capacidad de sostener la vida en su vientre por nueve meses, aprende a abrazar la vulnerabilidad y el dolor, en la certeza de que, es un paso en el proceso gozoso de dar vida. Vivimos un tiempo que nos lleva hacia la interioridad, a revisar nuestros deseos de tener todo controlado y planificado para asegurarnos un éxito que ha ido menoscabando nuestra humanidad. Necesitamos ir paso a paso construyendo el hoy y discerniendo lo que nos permite cuidar y cuidarnos.

María Magdalena, como la Apóstol de los apóstoles, es la mujer que coloca en movimiento la comunidad de los discípulos que están perplejos ante el modo como han perdido a su Maestro: no tienen más certezas que la que ha muerto. Desde su simplicidad y sin tener toda la claridad de lo que acontece, se coloca y coloca a los otros en proceso de búsqueda “se lo han llevado…”, y esa sola noticia les hizo correr, salieron de su parálisis. Así se inicia, una nueva etapa en que van reconociendo su presencia en la novedad del modo de relacionarse que les regala Jesús Resucitado.

Habrá resurrección, allí donde como comunidades nos coloquemos en movimiento para abrazar los dolores, traumas y vulnerabilidades que nos hacen experimentar la pandemia del covid, del patriarcado, del racismo, de la inmigración, de la injusticia… clamores compartidos que desafían nuestra capacidad de resiliencia vivida desde el cuidado mutuo de tod@s y de todo, reconociendo y visibilizando a aquell@s que a lo largo de la historia hemos excluidos.

Como María Magdalena, aunque todavía esté oscuro ¿estamos dispuest@as a no perder la esperanza y continuar apostando por la vida y una vida que nos pone a tod@s en relación de herman@s? Vivimos un momento decisivo como país ¿Qué queremos aportar?

¡Bendecida Pascua de resurrección para cada un@ de ustedes!