el viento

“Denles ustedes mismos de Comer”

Hna. María Alicia Briseño
Hijas del Espíritu Santo (Mexicana)

El Evangelio de este domingo me parece que tiene toda una escuela para nosotras y nosotros Consagrados, en este tiempo en el que todavía seguimos confinados.

Nos encontramos a Jesús necesitado de parar un poco, quiere estar a solas y al cruzar a la otra orilla, se encuentra con una muchedumbre que lo está buscando. Sin temor a equivocarme, varios de nosotros hemos querido aprovechar este tiempo de pandemia, para querer estar sola o solo y habrá quien lo ha logrado y quizá otros no.

Porque cuando uno tiene los ojos bien abiertos y el oído atento, nos pasa lo que le pasó a Jesús que empezó a ver muchas personas necesitadas, que lo estaban buscando y ante esta realidad Jesús da respuesta inmediata, y nosotras cómo hemos ido respondiendo a las personas enfermas, en este tiempo no solo del Covid, sino también de otras enfermedades físicas y del espíritu, las que están pasando hambre material y hambre de Jesús en sus vidas.

“Sintió compasión de ellos y sanó a los enfermos que traían”. Que palabra tan bella y en ocasiones difícil de hacer vida, la Compasión, hoy no podemos entendernos en  individual, hoy me entiendo con otra, otras y otros, personalmente este es uno de los desafíos que más me han acompañado, ser compasiva con la persona que llama por teléfono para pedir oraciones, ser compasiva con la persona que ha perdido un ser querido, ser compasiva con la que tiene hambre y pide pan, qué fácil es vivir de repente en nuestra zona de confort en donde queremos que el o la otra me sirvan, y donde tiene que ser al contrario, ser la primera en el servicio partiendo en casa y por supuesto con quienes nos piden ayuda todo esto hecho con amor.

Este evangelio me interpela también cuando la tentación de cada día es ir a hacer mis cosas, mi trabajo, etc. Y a veces me justifico para no dar mi tiempo, mi atención con ese querer ser un pan partido, que se parte y se reparte para dar vida a otros.

Hoy Jesús no nos pregunta, hoy nos pide, nos manda, “denles ustedes mismos de comer”. Jesús nos recuerda que tenemos que ser creativas y creativos para salir a dar de comer a este nuevo pueblo que nos está esperando. El estar en constante relación con Jesús a través de la oración, de la Eucaristía, de la liturgia y todo lo que vivimos dentro de nuestras comunidades, cómo nos está preparando para empezar a poner en común nuestros cinco panes y nuestros dos pescados para dar de comer a nuestra gente.

Qué alegría ver a muchas hermanas y hermanos sirviendo y arriesgando su vida en este tiempo, algunos con los enfermos, otros en ollas comunes, otras acompañando espiritualmente y en escucha, entrega de mercadería etc.

Cómo me estoy haciendo cargo de mi pobreza de eso poco que tengo para ponerlo en común y que el Señor lo bendiga, lo multiplique y sea ese pan renovado que quiere ser alimento para otros.

Hermana, hermano, te has preguntado en este tiempo en que hemos estado viviendo hacia dentro de nuestra comunidad, con tus hermanas, con tus hermanos, qué es lo que tú tienes para alimentar a los que tienen hambre.

Unámonos como gran familia religiosa y hagamos vida este evangelio, poniendo juntos estos cinco panes y dos pescados para salir a responder a tantos desafíos que nos esperan desde ya al salir a esta nueva normalidad, que podamos saciar como Consagrados y como Iglesia a los que nos están esperando. Y con la certeza de que María nuestra Madre sigue caminando a nuestro lado, escuchémosla en la invitación que nos siguen haciendo. “Hagan lo que Él les diga”.

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