el viento

Hna. Sandra Henríquez,cm
Carmelitas Misioneras

La Palabra, siempre tan pedagógica, domingo a domingo nos ha venido conduciendo y adentrando en la centralidad del seguimiento discipular de Jesús, todo consiste en “amar a Dios y al prójimo” ahí están condensadas ley y profecía, ambas desde el corazón, para que pasen por sobre el principio regulador de la letra-piedra y se instalen en el movimiento convulsivo del amor misericordioso del Padre, amor que es descentramiento de sí y centramiento en el próximo(a) a quien cargamos, encargamos y de quien nos hacemos cargo (Lc10,25-37), de esta forma toda voluntad de donación por el Reino supone la pregunta por el Dios que vamos experienciando y por los hermanos(as) que van formando parte de nuestro caminar. En el texto que se nos propone veremos que Jesús no estuvo exento de esa interrogante.

La narración de las tentaciones son la antesala a la entrega total de Jesús por el Reino es un texto extraordinario no sólo porque las preguntas atañen a los impulsos básicos de todo ser humano, poder, tener y placer, sino porque quien es interrogado sobre su propia humanidad y adhesión al Padre, es Jesús.

El texto ubica a Jesús en torno a dos imágenes que expresan la dinámica del seguimiento, el desierto y la lucha, son las coordenadas del discipulado y tienen como finalidad la revelación del verdadero rostro del Padre.

Dar cuenta de sí mismo y de la fe que profesamos requiere no sólo valentía y convicción, sino mucha identificación amorosa y vinculante con Dios. ¿De qué revestirnos para hacer esta travesía?

1°. El impulso del Espíritu: “Jesús es llevado por el Espíritu…” Quién se ha vinculado profundamente con Dios es capaz de fiarse totalmente de su Espíritu y se abre a acoger esas mociones y movimientos que nos sitúan más allá de nosotros mismos(as), lanzándonos incluso al riesgo, y ¿cuál es ese riesgo? La revelación de la propia humanidad con su carga de fuerza y fragilidad, expuesta, abierta, apoyada en el Espíritu y, por lo tanto, dispuesta a dejarse interrogar. 

2° Ayunar 40 días: Este “pre” que nos pone el evangelio para adentrarnos a la revelación del Dios de Jesús, es muy importante y al mismo tiempo peligrosa, pues deja en evidencia la importancia de ir recreando dinámicamente en cada uno de nosotros(as) el rostro y el actuar de Dios, de lo contrario podríamos caer en una manipulación de la fe, de la religión y del mismo Dios. Ayunamos cuando de verdad Dios Padre/Madre se va haciendo rostro en toda realidad que ha quedado sin rostro. Empeñémonos en el permanente ejercicio de configurar, de configurar y reconfigurar su imagen y podremos adherirnos a su propuesta de Reino que tiene como único rostro el de los pobres y desvalidos.

3° Ser Hijo. “Si eres Hijo de Dios…” ¿Qué significa ser hijo-hija de Dios? Es una filiación más allá de la carne y de la sangre, es impronta primigenia, es la única forma de comprensión de sí mismos(as), es identidad y tiene que ver con el permanente ejercicio de autoconocimiento humano/espiritual para dejar que la paternidad/maternidad de Dios se nos ofrezca como libertad y posibilidad de sanación. De ahí que el diálogo de Jesús con la fuerza del tentador/confundidor no prosperó. Conocerse y conocer filialmente al Padre da firmeza, es roca.

4° La Palabra. “Porque está escrito…”. ¡Qué  suspicacia esa de confrontar con la propia Palabra que es la voz de Dios! Nos puede ayudar a confrontarnos a nosotros(as) mismos(as) y la forma en que estamos tratando con la Palabra  y transmitiéndola.

¡Qué astucia y prontitud la de Jesús atento a responder con su “también está escrito…”, que libertad para hacer pasar la Palabra de Dios de letra muerta a principio dinamizador y desencadenante de vida en plenitud. La Palabra en sí misma es libre y liberadora; No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios;  es puesta para que no tropiece tu pie en piedra alguna; y para no temer a Dios.

5° Volver a Galilea. “Y volvió a Galilea…” También somos invitados a volver una y mil veces a Galilea, a ese lugar donde el Kairós estalla en Hoy cumplido, donde los próximos, tienen el rostro que nos enrostra, donde ayuno, Palabra y filiación se concreta en  misericordia hecha humanidad, opción de dar vida y dignificarla.

¡Qué buena forma de iniciar la cuaresma, recuperando dignidad!

¡Hasta que la dignidad sea costumbre!

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