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Estimadas/os Hermanas y Hermanos:

Les saludamos con un abrazo fraterno en esta hora tan difícil. En efecto, estamos viviendo una de las crisis más graves de la historia de nuestro país y del mundo. Las enormes cifras de contagiados por el COVID-19 y de muertos nos angustian y entristecen profundamente. Más todavía cuando los contagios y la muerte han afectado a personas de nuestras familias, de nuestras obras pastorales y de nuestras propias comunidades religiosas. Y como si eso fuera poco, ya comienzan los clamores porque la gente de nuestras poblaciones está con hambre. Pero en medio de la oscuridad volvemos a recordar las palabras del maestro: “Les aseguro que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Esa promesa nos anima y hace posible que estemos angustiados, pero no derrotados; perplejos, pero aferrados al Señor; caminando en la oscuridad, pero confiados en su misericordia.

Como una manera de estar más cerca de ustedes, les enviamos resultado de una encuesta para tener una conciencia más lúcida de cómo estamos, para conocer lo que la Vida Religiosa en Chile vive y enfrenta durante esta crisis. Quedamos felices por las numerosas respuestas que recibimos (respondieron 235 entre religiosas y religiosos; y 35 entre superioras y superiores mayores). Les agradecemos enormemente el tiempo que se dieron para responder este instrumento que nos ilumina para mirar con mayor lucidez el presente y el futuro.

En la encuesta realizada hemos detectado la frustración por un trabajo pastoral que no se puede realizar: no podemos encontrarnos para celebrar la eucaristía, para realizar la catequesis, para la reunión de las comunidades, etc. Es decir, no podemos desarrollar bien aquello que habitualmente le daba sentido a nuestra vida religiosa, aquello por lo que nos desvivimos cada día. Sin embargo, en medio de esta oscuridad vislumbramos la sabiduría de Dios que nos conduce y anima de otras maneras, que nos abre otras puertas. Varios de los aspectos que casi siempre nos cuestan se han tornado importantes, fortalecedores; los hemos vivido con una inusitada intensidad: el encuentro comunitario, el diálogo con los hermanos y hermanas, el asumir los diversos servicios de la casa, el tiempo dedicado a la oración y la lectura espiritual, el descanso. Volvemos a tomar conciencia de que una vida religiosa vivida con fraternidad auténtica y con hondura espiritual es ya parte fundamental de nuestra misión. Es decir, que nuestra misión, nuestro “trabajo pastoral” no comienza solo cuando salimos de casa. Después de la crisis no podemos volver a la prisa de siempre, a descuidar estos aspectos de nuestra vida que vamos redescubriendo como esenciales.

Así también, aparece en sus respuestas la pregunta inquietante: “¿Qué podemos hacer?” para ayudar a los que lo están pasando mal: los enfermos, los contagiados, los inmigrantes, los que tienen hambre, los que están en las cárceles. Les invitamos a ser creativos, a no tener miedo a las respuestas generosas y hasta riesgosas. Y, desde ya, agradecemos los pequeños y grandes gestos solidarios que ya han ido realizando diversas Congregaciones, especialmente en favor de los más necesitados. Iniciativas que van en la línea de poner a disposición del Gobierno algunos espacios parroquiales y casas de retiro, montar comedores, repartir cajas de alimentos, generar espacios de escucha y contención, etc. Que ahí encontremos la esencia de la Eucaristía que no podemos celebrar. Dios está con nosotros. Esa presencia es la que estamos llamados a descubrir en este tiempo. Esa es la verdad que estamos llamados a anunciar con nuestros gestos y palabras.

Es importante que como vida consagrada no nos soltemos y nos mantengamos más unidos que nunca. Que dialoguemos en nuestras comunidades sobre lo que estamos viviendo y sobre cómo movilizamos la caridad transformada en solidaridad con los que más sufren, aunque eso signifique renuncia, aunque duela. Queremos apoyarnos unos con otros, pues sabemos que hay Congregaciones que están en serias dificultades económicas, que amenazan la satisfacción de necesidades fundamentales. Les pedimos que con toda libertad y confianza se dirijan a nosotros a través del celular 992103762 de hna. Sara Romero o al correo sejecutiva@conferre.cl dándonos a conocer su situación.

Como Junta Directiva y atendiendo a sus propuestas nos esforzaremos en entregar reflexiones y temas para animar nuestra vida, desde distintas perspectivas. Ese material estará disponible en los próximos días en nuestra página web: www.conferre.cl o www.facebook.com/CONFERREChile
Hermanas y hermanos, estamos enfrentados a una nueva realidad mundial que nos hace experimentar situaciones límite que nunca imaginamos que íbamos a vivir. Esta puede ser una oportunidad para repensar nuevas formas de vida religiosa. Dejar morir lo anquilosado, aquello que nos ha apartado del Evangelio para “recomenzar a partir de Cristo” (Aparecida 12). Estamos ciertos de que la acción de la Ruah nos inspirará en este sendero misterioso y fascinante de descubrir las manifestaciones de Dios que crea y recrea el universo según sus designios.


Unidas/os en la oración y la fraternidad,


Fray Héctor Campos M., OFM. Cap.
Presidente de CONFERRE y Junta Directiva

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