p. Ramón Villagrán O. de M.
Estimados hermanos y hermanas presentes hoy aquí, dando vida y rostro a nuestro ser consagrados. Al terminar esta celebración, quisiera decirles, en nombre de CONFERRE: ¡gracias y feliz celebración de la Vida Consagrada!
Qué alegría poder encontrarnos hoy, y hacerlo en torno a la Eucaristía, para celebrar aquello que nos une: la llamada de Jesús y el deseo de entregar nuestra vida al servicio del Evangelio y de su pueblo.
Y qué bello es hacerlo en la fiesta de María, nuestra Madre, la mujer que supo acoger la novedad de Dios, ponerse en camino y confiar. Y quizás esa una palabra muy necesaria para nosotros hoy: confiar y volver a ponernos en camino.
Vivimos tiempos de muchos cambios a todo nivel y nuestra vida religiosa también cambia. Tenemos desafíos, preguntas y, a veces, incertidumbres. Y hoy la invitación es a no mirar el futuro desde el miedo ni desde aquello que nos falta. Queremos mirarlo desde la esperanza. En este sentido la invitación de la CLAR para nuestro tiempo es “nacer de nuevo” y claramente estamos llamados a ello: nacer de nuevo para la fraternidad, para la misión, para la comunión, para escuchar al Espíritu y descubrir por dónde quiere conducirnos hoy.
No sabemos exactamente cómo será la vida religiosa del futuro, pero sí sabemos que el Señor seguirá caminando con nosotros. Y mientras haya hombres y mujeres dispuestos a entregar su vida por el Evangelio, responder a su llamada de buena noticia, mientras existan comunidades capaces de acoger, acompañar y servir, mientras tengamos el corazón abierto a lo que Dios quiere hacer: hay futuro, hay misión y hay esperanza. Tenemos mucho por delante: hay Evangelio que anunciar, vidas que acompañar, fraternidad que construir, esperanza que despertar. Y, sobre todo, hay mucho que el Espíritu puede hacer nacer entre nosotros.
Por eso, hoy queremos agradecer: gracias a Dios por permitirnos estar y celebrar nuestro ser consagrados; gracias a cada religioso y religiosa por su entrega, muchas veces silenciosa y escondida, pero tan fecunda. Gracias a nuestras comunidades, congregaciones e institutos, por mantener vivos los carismas que el Espíritu ha regalado a la Iglesia. Y gracias a todos quienes hacen posible el caminar de CONFERRE: quienes colaboran, participan, sirven y ponen generosamente sus dones al servicio de nuestra Vida Religiosa.
Quiero agradecer también, muy especialmente, a la Vicaría para el Clero y la Vida Consagrada del arzobispado de Santiago, a su vicario quien hoy ha presidido esta santa misa. Gracias a todos por haber hecho posible que podamos preparar y celebrar juntos este encuentro.
Que esta celebración compartida sea también un pequeño signo de aquello que estamos llamados a vivir: caminar juntos, escucharnos, colaborar y poner nuestros carismas al servicio de una Iglesia que necesita esperanza.
Queridos hermanos: hoy María nos recuerda que Dios siempre puede hacer algo nuevo, por eso en este saludo una insistencia: no tengamos miedo en comenzar y nacer de nuevo. Hoy María nos recuerda que la última palabra no la tienen nuestras fragilidades, tampoco nuestros números, ni nuestras dificultades: la última palabra la tiene Dios: y por eso podemos mirar el futuro con esperanza, podemos agradecer lo que hemos recibido y reconocer con humildad aquello que necesitamos transformar y sobre todo, volver a ponernos en camino. Sigamos soñando y sirviendo; sigamos caminando y creyendo juntos.
Que María nos acompañe y nos enseñe a decir, una vez más, con alegría y confianza: aquí estamos, Señor, “que se haga lo que tú quieres”.
¡Que viva la vida religiosa en Chile, que viva la diversidad de nuestros carismas, y que nunca nos falte la alegría de caminar juntos hacia lo que el Espíritu quiere hacer nacer entre nosotros!
¡Feliz celebración de nuestra vida consagrada!

